Igitur

Hay mañana para el ayer

“Y con el pie en el límite, declaro que no estoy en condiciones de ir más allá, porque con un solo paso más estaríamos fuera del ámbito de la estupidez, que incluso en teoría es variado e interesante, y entraríamos en el de la sabiduría, una región desértica y en general esclavizada por los hombres”.
Robert Musil

Todo está repleto de significados que cada quien interpreta del modo más diverso. Empero, hay términos de una universalidad inapelable: aceptación es uno de ellos, empleado con particular ahínco en vísperas de cerrar un ciclo, cuando no existe ninguna rebaja en el bazar que es la vida. Tanto con esperanza como careciendo de ella, si la miseria hiere o la riqueza favorece debemos aplicarlo. El ser humano necesita aceptar en aras del progreso, puesto que por naturaleza desea un futuro; a veces con curiosidad perversa, otras para verificar que el destino no depende de lo fatídico. El poeta escribe que nada libera nunca más que el decir, “imposible el error, difícil la errancia” al vivir bajo el yugo de una conciencia precisa; en el contar reside la audacia de no legitimar transgresiones, de ordenar revoltijos emocionales.

Si “la lucidez es la herida más cercana al sol”, tal como lo propone René Char, puede suponerse entonces que solo la mirada del ciego encara el sol como juzga Evgen Bavcar. Cuando nos dejamos cegar por el embuste de arquetipos parecería que hacemos menos de lo que deberíamos hacer y comienza a analizarse con mayor rectitud el ámbito práctico. Recuerdo los pasajes de Heráclito que refieren a Homero: aquello que hemos visto y tomado lo abandonamos; aquello que no hemos visto ni tomado, nos lo llevamos. Frente al hecho nada habría que presuponer, no sé qué tanto Descartes acierta al afirmar que una parte de la vida queda siempre inaccesible e inexperimentada. No por casualidad suelen ir unidas la realidad y el sueño.

Procurar un distanciamiento sano en ciertas circunstancias, con tal de evitar conflictos, para muchos puede resultar irónicamente insensato; yo no encuentro mejor modo de conducirme ante lo Inaudito. Las relaciones interpersonales exigen observación, si dependieran de presuposiciones estaríamos en constante fricción; aunque para el nivel de sensibilidad actual de mucha gente es mejor insultar al prójimo. Incluso así, quedan personajes que preferirían tener el monopolio de la virtud o la sabiduría en lugar de acciones bancarias, sin alcanzar nunca el éxito. Visto lo anterior, hace rato que acabaron mis argumentaciones sobre aceptar, una estrategia de supervivencia.