Igitur

Es lo que es


Decir de nuevo y reiterar no significa repetir, lección que aprendí de Miss Stein, como le llama James Laughlin, y a quien conocí  de manera fortuita por causa de Hemingway, Fitzgerald y Pound; cuando Picasso la retrató, le comentaron que “no había quedado parecida”, a lo que él respondió: “Se parecerá”.

Doy un ejemplo de que estamos intelectualmente montados en tantas épocas, que nos impiden ocuparnos de interpretar las cosas concernientes a la nuestra en concreto, y sucede entonces que lo urgente se lleva de bruces lo importante.

La pertinencia pende de un hilo, y no precisamente del de Ariadna, desplegado en la dimensión profunda de la experiencia espiritual. Hoy, el ser consagrado a un quehacer de cualquier tipo es un ser en el vértigo, y la desorientación de mi generación tiene su explicación: aunque busca una agenda cultural útil, bosqueja asuntos en los que poco profundiza, demostrando una genuina incapacidad para mediar entre ideas y hechos, revueltas con descuido; hasta que lo mismo da (según Christopher Domínguez Michael) “Brad Pitt que Da Jandra, Unamuno que García Márquez, el Índice Dow Jones que Kant citado en YouTube”, y Donald Trump que George Washington o Bertrand Rusell. Con estas representaciones grotescas o caricaturescas de lo que en algún tiempo fue referencia, le llega a nuestra crítica la hora del juicio.

El distinto tratamiento de la violencia aquí y allá, junto con la universalidad de la historia, exigen reflexión. Nos volvemos cada día más permisivos, pero no por ello abiertos o tolerantes, y algunos, atraídos por el espectáculo, reclaman el desenfreno; aunque adivinamos lo que ocurre en sus conciencias, los conceptos de estos miles de hombres que solo quieren inscribir su conducta rompiendo las reglas de una determinada cosmogonía, hacen del mundo un lugar infernal.

Por ello aprecio con justa medida que existan quienes pueden caminar sin la rigidez de los que tienen que cumplir una función y observan que entre las algarabías de la gran ciudad la conciencia aún está por ahí.

Resultaría útil encontrarse con alguna bitácora que indicara cómo recorrer el presente aquejado por un autismo que aísla y que, lejos de estimular la realidad para que ocurra entre las personas, invita a que suceda en la trémula superficie de sus imaginarios. Acuerdo con Gumbrecht al decir que “estamos viviendo en un vasto momento de simultaneidades”, y con razón nunca intenta empezar por el comienzo, sin embargo sabe que después del punto final sigue otra cosa.