Igitur

El deseo de lo único

No estamos aquí para hacer juicios morales sobre Hamlet. Shakespeare pone en perspectiva sus dramas de tal manera que, medida por medida, somos juzgados nosotros mismos al intentar juzgar. Si el Hamlet de usted es un cobarde jactancioso, un confidente manirroto, bueno, entonces sabemos algo de usted, pero no sabemos más de Hamlet.
Harold Bloom

Toda la vida es guerra, y la batalla es, pues, la síntesis de la vida. ¿Qué sería del estratega si pensara que cada lance de su juego puede llevar el dolor o el alivio a un corazón? “El mundo de la acción es un mundo cruel. El que vive allí debe estar dispuesto a matar y a morir. Los movimientos son una decisión”. Por lo pronto el arte sirve de fuga hacia la sensibilidad, contra la fijeza de bélicas convicciones, contentándose con lo etéreo y lo especular.

“El drama” de Hamlet es que es un soñador que necesita abdicar de la acción: vacila bajo el peso de una carga inaguantable para un hombre de su condición precisado a soñar. Posee un temperamento de poeta, y cuando le exigen que luche contra la vida en algún aspecto práctico del cual poco sabe, en vez de luchar contra la esencia ideal de la vida, de la que sabe tanto, pierde el combate. Toma la precaución de morirse en pos de que sus actos no tengan que comparecer ante el tribunal de la subjetiva opinión pública: desmintiéndose como mínima coherencia ante un mundo que encuentra demasiado ficticio.

Desconozco si existen medios sencillos de hacer fácil un menester tan difícil como la vida, y reconozco que suele haber una perversión de la realidad en nuestro esfuerzo por representarla, por enaltecer lo ordinario y sacralizarlo. Es la autenticidad de las relaciones lo que resulta preciso conquistar; Shakespeare representa en cada uno de sus personajes la naturaleza humana. Sabía que, adecuadamente instruida, la virtud calcula tan bien como el vicio: Otelo, Yago, Macbeth, Falstaff y Shylock son un ejemplo de tal argucia.

¿Qué llevaría a un soñador a sacrificar su imperio entero? ¿Qué nos llevaría a renunciar a nuestro mundo de posibilidades a cambio de arder en la ejecución de una trama? La tentación poética de la justicia seduce. Hamlet cede su vida de errabundo intelectual a cambio de que el universo tenga sentido. Y para que haya alguno, debe perpetrar la puesta en escena de la justicia. Violenta las reglas de lo tangible puesto que “un drama no es realmente verdadero sino cuando es más grande y más bello que la realidad”.

Lo que verdaderamente distingue a Shakespeare —según Borges, y concuerdo— reside en la tremenda capacidad de comprensión que posee. Con frecuencia leemos en busca de una mente con mayor originalidad que la nuestra. Así aprehendemos.