Igitur

A mortis

Alguien me contaba que cuando se realizó una encuesta a determinado sector de la población mexicana, al preguntar qué tipo de pérdidas resultaban más dolorosas, nadie hablaba sobre sus parejas. Es evidente que impera un individualismo colectivo y que un gusto casi burgués por darle autenticidad predomina. Ya no hay posibilidad de ocultar la apariencia destrozada de las relaciones que han sufrido un tremendo tajo, necesitando de cirugía reconstructiva.

Al cuestionarnos el amor hoy en día es necesario elaborar otras preguntas aparte de las elementales. Para encontrarlo no basta con buscarlo; no por desear que esté allí, aparecerá; y, sin embargo, sabemos que existe. El ensayo que Octavio Paz dedica a López Velarde pregona no sólo una idea poco azarosa respecto a él, sino evolutiva (citando una frase del “Himno entre ruinas”): palabras que son flores que son frutos que son actos. Las novelas dotadas de conciencia y pasión artística invitan, además de a aspirar alguna simpatía, a anhelar un cofrade. La literatura ha devenido fuente, medio y sentido final del tema, donde aparte de retórica se proclama una fe, y con tal de tener una perspectiva erudita de él conviene ir tras aquellos que lo han nombrado acertadamente. Charles-Louis Philippe, con su prosa que atraviesa la de Brassens, Cocteau y Claudel, logra hacer una evocación entrañable al estilo de Dickens y Dostoievski: en Bubu de Montparnasse (adaptada cinematográficamente por Carlo Rustichelli) asume la dicotomía confusa entre amor y el amor a alguien.

Al leerlo recibí una impresión auténtica y armoniosa del asunto: el amor les otorga a los protagonistas libertad, pues encontrando placer en la realidad que los designa pueden reconocer en la libertad del otro la suya, y así dos libertades enemigas fundan una hermandad.

Philippe parece haber escrito dicha novela —que tanto admiró T. S. Eliot y halagó Gide— percatándose de que el amor tiene una misión redentora, un papel social que cumplir. Con abundantes representaciones fabulares que perviven hasta la fecha, significa el verbo amar como un ansia elemental porque forma parte de cualquier existencia.

Ignorantes de que el mayor privilegio yace al descubrir en los demás un elemento activo, habrá quien reivindique la esfera del amor y habrá quien exalte más otro valor. Pero nadie negará que es un peldaño importante en nuestro aprendizaje.