Igitur

'In Memoriam'


Era como si la soberbia diabólica del Ruletista lo arrastrara cada vez con más fuerza a provocar a los dioses del azar. Pronto anunció una ruleta con cuatro cartuchos clavados en los alvéolos del tambor y, más adelante, con cinco. ¡Un solo orificio vacío, una única posibilidad, entre seis, de sobrevivir! El juego ya no era un simple juego.

Citar a Mircea Cartarescu hoy lo encuentro perfectamente normal, cualquier otro día podría haberme resultado fatalista, pero con tal de no acatar totalmente un destino incierto sino de saberme dueña al menos de mi humanidad; ahora mismo encaro las azarosas barbaridades con una naturalidad que nada tiene que ver con la indiferencia, sino con la madurez de aquellos personajes decimonónicos, por ejemplo Eugène Delacroix, capaz de discernir que la muerte de Sardanápalo no significaba la suya. Algo tan universal como la lucha por existir nos identifica, las contiendas que mortifican también terminan uniéndonos.

Cercano el aniversario luctuoso de Jack London, que encendió una hoguera hasta la fecha inextinguible, y en pos de seguir cultivando la lúdica idea de que sí importa la forma o el modo en que me aproximo a las palabras, continúo aquella línea trazada que pretende evitar revelar algún escritor con estilo esquemático, y rememoro entonces al estadunidense con La invasión y otros terrorismos (Conaculta/ Talasa. México, 2016): una traducción literal del mundo al imaginario, que no está en sentido propio ni figurado por encima de ninguna comprensión; sus historias de esmerado contenido narrativo, poseen siempre una especial claridad. Este conjunto de seis relatos desprenden la serenidad turbulenta y el goce doloroso que solo otorgan las huidas a lo ficticio, el cuestionamiento que da origen a la introspección y lo catastrófico de las eventualidades: desde la explosión demográfica y la guerra bioquímica, hasta el terrible aunque elegante chantaje "con el que una implacable organización secreta lleva una peculiar y efectiva lucha de clases hasta las últimas consecuencias".

Los escritos de London son un albergue donde pocas ocasiones hay códigos sociales, o cuando menos no nos vemos en la triste tarea de tener que cumplirlos. Aunque al parecer la apreciación literaria resulta condicionada por ciertas características de personalidad, pueden ser modificadas mediante un acto de conciencia: aquellos que no lo conozcan y tengan la suerte de presentarse con él, dicho libro viene siendo la mejor introducción a su narrativa, y los que ya sepan quién es, tienen un motivo más para no dejarlo de leer.