Igitur

Amorosa anticipación

No podemos permitirnos ser ingenuos cuando se trata de las relaciones, ya que no solo son originarias del espíritu humano, sino también de una bocanada de naturaleza. Pensamiento que me llega como corolario después de ver Valmont, dirigida por Miloš Forman y adaptada por Jean-Claude Carrière, el guionista de Luis Buñuel, basada en la emblemática novela francesa Les Liaisons dangereuses: Las relaciones o amistades peligrosas, que Sexto Piso editó hace poco y compré, reemplazando mi versión antigua.

Legado de un militar escéptico respecto a los vínculos amorosos, tuvo tiempo de elaborar tal tratado epistolar porque no siempre luchó en contienda; Pierre Choderlos de Laclos, tan intenso como el Marqués de Sade e igual de escandaloso que Restif de la Bretonne, aborda con impresionante maestría un tema que parece inagotable en la literatura: el amor.

Con la pretensión de dejar una obra que siguiera resonando mucho tiempo después de que él falleciera, procuró que este ejercicio gramatical fuese exquisito, mérito que podemos constatar en cada oración. Relato de intrigas, con protagonistas vibrantes y siniestros: tanto Valmont como la Marquesa de Merteuil atraviesan alertas la oscuridad, brutales, fuertes, en absoluto dichosos pero hacen lo que muchos quisieran y pocos osan, llevar el maquiavelismo a una tiránica depravación que permite sacar fortalezas de fragilidades. No puede evitarse conforme uno va leyendo quedar cegado por tanta claridad; Laclos nos lleva a replegarnos en los impulsos secretos que revelan y desnudan la condición humana.

Siempre da la impresión de que va a ocurrir algo extraordinario o nuevo y así sucede. Páginas y páginas bullen entre conversaciones, episodios, discursos, fiestas y ceremonias en forma de misivas. Escribió Guy de Maupassant: “Lo que se ama con violencia siempre acaba por matarte”, y es que la pasión y la tragedia tienen mucho que contarse.

Si acaso existe un ejemplo claro de monstruosidad en el amor, cuando lo corrompen múltiples circunstancias, aquí está. Entusiasma, porque a diferencia de seguir una tradición literaria, la instaura y cumple un ciclo.

La separación de los amantes, diría Poe, resulta la situación dramática por excelencia. Yo me pregunto: ¿Que te amen como aman los “grandes” amantes, de manera fugaz y trágica, resulta preferible a la pacífica permanencia? En cualquiera de los casos la muerte acecha, solo necesita que alguien la invoque y aparecerá.