"#1DMx": resistir un deber

Tengo 62 años. Nací cuando el PRI gobernaba México, no me quiero morir —qué vergüenza— teniendo esos infames encima.

Los conozco.

Sé desde niño de lo que son capaces.

No olvido cómo han ensangrentado y saqueado a este país.

Con tanto cinismo, con tanta impunidad, tantas y tantas veces.

Aquí están de nuevo. Son los mismos. Las viejas mañas reeditadas. La misma ley de plata o plomo, inventada por ellos, sentando sus reales a todo lo largo y ancho de esta patria herida.

Sometidos estamos, otra vez, al imperio de la simulación y la mentira.

Vivimos una democracia que no es sino una caricatura.

Nuestras instituciones se caen a pedazos.

Ellos se han encargado de desacreditarlas y demolerlas. Las han corrompido, las han convertido en parte del botín. 

Yo no les creo ni una palabra.

No les concedo siquiera el beneficio de la duda.

No tendría por qué hacerlo conociéndolos como los conozco, teniendo memoria, como tengo, de todos sus agravios.

Puede que otros que contra ellos lucharon hoy se sienten en la misma mesa y suscriban con ellos pactos para repartirse el botín. Yo no.

Puede que otros se cansen, se conformen, se rindan, decidan, simplemente, quitar el dedo del renglón. No es mi caso.

No milito en ningún partido político.

Me repugna la manera en que las formaciones políticas tradicionales tienden a hacer suyos los usos y costumbres del régimen.

Este régimen que a todos termina haciendo —y así será mientras le permitamos subsistir— a su imagen y semejanza.

Reconozco en las filas de la izquierda a muchas de las mujeres y hombres que más respeto y admiro y a su lado marcho.

Su causa, que es mi causa, apoyo.

Entiendo a aquellos que se han cansado de aceptar, uno tras otro, los abusos del poder y se han decidido por otras vías.

Creo que el régimen tensó irresponsablemente la cuerda y que ésta, para muchos, ya reventó.

No justifico esos métodos.

No los quiero para mi patria.

Pero, insisto, los entiendo y los respeto.

He conocido a fondo los horrores de la guerra y no quiero que la viva mi gente. Pero debo decir con toda claridad que la guerra es la esencia de este régimen, que su violencia ha sido y es extrema, continua, sistemática y abarca todos los ámbitos de la vida.

Porque violencia es la represión, pero violencia es también el saqueo del que hemos sido víctimas durante tantas décadas.

Violencia es robar los dineros públicos que deberían emplearse para generar salud, educación, empleo, bienestar para todos.

Violencia es la corrupción y violencia la impunidad.

Violencia los vínculos del régimen con el crimen organizado y su falta absoluta de respeto por la vida.

Violencia es alzar una bandera manchada con la sangre de otros y violencia es no hacer un carajo para preservar la seguridad y el patrimonio de millones de ciudadanas y ciudadanos.

Violencia es el hecho de que se exonere a criminales y se les devuelva el botín mientras en la cárcel se pudren, por la sola razón de no tener dinero, decenas de miles de inocentes.

Violencia es el exilio dorado, los privilegios, las pensiones, las guardias pretorianas de por vida a aquellos que tendrían, por fuerza, que purgar penas de prisión por sus múltiples traiciones a la patria que juraron servir.

Y violencia es la mentira miles de  veces repetida y los spots y el autoelogio.

Sé que a veces, ante esta violencia,  para muchos ya no queda otro camino, pero yo, por mi parte, estoy dispuesto a acompañar, hasta sus últimas consecuencias, a aquellos que se empeñen en la transformación pacífica de México.

Porque estando las cosas como están entre el régimen y el narco han monopolizado la violencia y quien contra ellos se alce utilizando la misma no hará sino reforzarlos a ambos.

No creo en la eficacia de las bombas molotov.

Sirven más al régimen que a quien en su contra las lanza.

Solo pirotecnia terminan siendo. Pirotecnia que sobreexplota la tv, pero que ningún efecto real tiene sobre las formaciones policiales. Al contrario. Cada bomba que estalla fortalece más al aparato represivo.

En otro fuego creo; en el de las multitudes en las calles y desgraciadamente ese fuego se apaga a la menor provocación.

No hemos logrado hacer que la justa indignación, como decía Bertolt Brecht en Madre Coraje, nos dure, a las y los suficientes, hasta mañana.

De eso se trata, me parece, de dar ese salto y hacer que muchas y muchos hagan de resistir y vencer al régimen un deber ineludible.

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