La punta del iceberg

En este país de machos han sabido los poderosos explotar nuestras miserias. Usan a la mujer a su antojo; como adorno, como objeto para ganar posiciones o provocar envidias, como moneda de cambio, como satisfactor personal, como instrumento para sobornar o extorsionar.

Al equipo de investigaciones especiales

de Carmen Aristegui por poner, otra vez,

el dedo en la llaga.

Usted y yo sabemos que, lamentablemente, siempre ha sido así.

El caso de Cuauhtémoc Gutiérrez de la Torre y su red de prostitución en el seno del PRI capitalino no es, me temo, la excepción, sino la regla, la punta del iceberg; sí, del mismo iceberg contra el que ya antes hemos chocado y por el que hoy, de nuevo, nos vamos a pique.

Caso omiso hicimos de las advertencias, de nuestra propia experiencia, cancelando nuestra memoria seguimos adelante; ahí estaba, aquí está, la gigantesca mole y contra ella, a toda velocidad, nos dirigimos. Hoy en pleno naufragio rasgamos nuestras vestiduras por el nuevo escándalo sin ir más allá, sin entender que es éste el modus operandi del régimen.

Usted y yo sabemos que presidentes, secretarios de Estado, gobernadores, alcaldes, líderes sindicales han operado impunemente, durante décadas, de la misma manera. Sobran historias parecidas a la del oscuro presidente del PRI en el DF. Historias que se han vivido en Los Pinos y las casas de gobierno de los estados de la República. Jamás debimos haberlas olvidado.

Jamás debimos haber olvidado cómo el régimen, en esta patria herida, trafica con vidas, con personas, con bienes públicos. Convierte en botín todo lo que toca. Inmoral ha sido y es su proceder. Enfrentarse a este régimen ya no es, insisto, una cuestión ideológica. Se trata solo de ser decentes, de ponerse de pie.

No nos engañemos; no solo pagamos los contribuyentes la red de prostitución del tal Gutiérrez de la Torre. No solo en esta ocasión fuimos estafados. Nuestros impuestos, el patrimonio de la nación se ha dilapidado, durante décadas, costeando los vicios y excesos de todo tipo de personas que nos gobiernan.

Botín ha hecho el régimen de la mujer siempre. En este país de machos han sabido los poderosos explotar nuestras miserias. Usan a la mujer a su antojo; como adorno, como objeto para ganar posiciones o provocar envidias, como moneda de cambio, como satisfactor personal, como instrumento para sobornar o extorsionar.

¿Y por qué no habrían de usarla si no le tienen respeto alguno, como no le tienen respeto a la vida humana, al patrimonio de la nación y de sus ciudadanos, a los valores de la democracia, la justicia, la equidad de género?

¿Y cómo no habrían de usar a la mujer los que se han quedado con los brazos cruzados frente a los feminicidios en Ciudad Juárez, en Naucalpan, en Chiapas? ¿Los que son tan laxos frente a las violaciones que por todo el país son tan numerosas? ¿Esos que han permitido que, en los tribunales y gracias a leyes vigentes, se castigue con más dureza a las mujeres que a los hombres? ¿Los mismos que han promovido la contrarreforma para criminalizar el derecho a decidir?

Mientras más machos se muestran más atractivos resultan, para sus publicistas y para el público, quienes nos gobiernan. Respetan la norma de aparecer en la foto junto a la esposa, pero sacan raja de su fama de garañones. Usan a sus conquistas, a sus amantes como condecoraciones.

Al poder, por otro lado, el escándalo no lo intimida; sabe de la fragilidad de la memoria colectiva, de lo volátil que termina siendo la indignación pública y de lo fácil que resulta sacar provecho del mismo escándalo.

Hoy es Cuauhtémoc Gutiérrez el personaje en cuestión y habrá de ser convenientemente sacrificado como si así se borrara todo lo que él encarna y representa. Como si sus jefes y correligionarios nunca hubieran sabido quién era, cómo operaba en su cuartel general esa red de prostitución.

Y es que ha desarrollado el régimen instrumentos muy eficientes de control, consigue siempre, salvo honrosas excepciones, hacer todo y a todos a su imagen y semejanza. Instaura entre nosotros el imperio de la simulación y la transa. Nos ha convencido, por otra parte y para apartarnos de la misma, de que la política es un oficio vil siendo que la vileza es la otra cara de la corrupción que lo caracteriza.

El régimen, capaz de digerirlo todo, aprovechará para deshacerse de una figura impresentable. Nos toca a nosotros, a las mujeres y hombres decentes de este país, organizarnos para deshacernos de este régimen corrupto, para que pague el tal Gutiérrez de la Torre sus crímenes y paguen también los que ahí lo pusieron, los que lo utilizaron, sus pares, sus cómplices.

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