45 años de impunidad y contando…

Vaya hazaña de la canalla del PRI.

Pinochet, Videla y otros dictadores, responsables de masacres y actos criminales contra sus pueblos, han debido enfrentar la justicia.

Otro tanto ha sucedido con presidentes que, aprovechándose del cargo, han robado al erario.

A la cárcel han ido a dar, en toda América Latina, los ladrones, los corruptos, los que del poder se han servido.

De nada les ha servido a esos criminales la protección de Washington, de las oligarquías locales y de sus propios ejércitos.

De nada tampoco el amparo de los medios y la Iglesia.

Al final han debido pagar; unos con cárcel, otros con el descrédito absoluto. Casi todos con el alejamiento del poder.

El PRI no. Al contrario. México es la vergonzosa excepción.

Con las manos manchadas de sangre.

Con los bolsillos llenos de la plata que, durante décadas, han robado los suyos a la nación.

El PRI, el mismo PRI de siempre.

El que reprimió a los médicos y a los ferrocarrileros.

El de la guerra sucia y los desaparecidos, la Brigada Blanca y la Dirección Federal de Seguridad.

El de las alianzas con el crimen organizado que nació entre sus filas y a su corrupción se debe.

El de Aguas Blancas, el Charco y Acteal.

El de la masacre de Tlatelolco y el Jueves de Corpus.

El PRI que asesinó o solapó el asesinato de 600 perredistas.

El que, a lo largo y ancho del país, mató a líderes sociales, estudiantiles, obreros y campesinos.

El que instituyó en esta patria herida la ley de plata o plomo.

El PRI de los fraudes electorales y las concertacesiones. Al que nada importa lo que los ciudadanos deciden cuando votan.

El que reprime.

El que compra.

El que aplasta.

El que roba a mansalva.

El PRI de Marín y de Moreira, de Cavazos Lerma y Granier, el de Montiel y Hank, Ulises Ruiz y Yarrington. El de los Salinas y Madrazo.

El de la partida secreta, las malversaciones, los fraudes, los cochupos.

Ese PRI, el mismo PRI, para vergüenza de los mexicanos, y pese a todo, aún gobierna este país.

Y despacha en Los Pinos con Enrique Peña Nieto al frente no porque hubiera ganado la Presidencia, sino porque, simple y llanamente, burlando otra vez la voluntad de los ciudadanos, la compró.

Ese PRI del embute y la venta de concesiones. El que hizo a la tv y a la radio parte de la tropa a su servicio.

El de la censura implacable y la sumisión incondicional de opinadores súbitamente enriquecidos.

El que logró que Tlatelolco no existiera en los medios, el de la realidad paralela donde no pasa nada, el que ha conseguido que, por décadas, aquí nada de lo que realmente sucede se cuente.

Ese mismo que hoy y de rodillas sirve a la tv porque a ella se debe.

El de los personajes que “defienden el peso como un perro” o “mueven a México” mientras se ensancha la brecha entre esos pocos que lo tienen todo y los millones que no tienen nada.

El PRI de los casi 30 años sin crecimiento económico.

El PRI de la ineptitud criminal.

El de los hospitales sin medicinas, las bodegas convertidas en guarderías, las escuelas sin piso ni baños, las carreteras construidas con materiales de tercera, los asentamientos en zonas de riesgo.

El PRI que se roba el dinero destinado a la obra pública, el que endeuda estados y municipios, el de los fideicomisos y el Fobaproa y el rescate carretero y la venta de la banca al extranjero.

El PRI que ha hecho del presupuesto, en los tres niveles de gobierno, solo un mecanismo para enriquecerse.

El que recorta gastos en cultura y multiplica los gastos en imagen pública de funcionarios e instituciones.

Instituciones que entre su ineficiencia y su corrupción han colapsado. Donde manda la mordida e impera el desorden.

El que abre las puertas de la cárcel a los criminales y niega la justicia a los más pobres.

El PRI cínico, desvergonzado, corrupto, impune.

Al que Vicente Fox y la justicia mexicana debieron haber retirado el registro después del Pemexgate.

Ese PRI nos gobierna y aquí los señores de la pluma, el micrófono y la cámara al tú por tú se hablan con él y hablan de democracia sabiendo que ésta, en estos lares, es solo simulación, pura mentira.

Una mentira que a fuerza de repetirse crece y se implanta en la mente de ciudadanos aletargados por la tv, enmudecidos por el miedo a la violencia que crece, paralizados por la conformidad, inmunes a una verdad, la de sus propios bolsillos, que les dicen que esto ya no funciona más.

45 años han pasado desde Tlatelolco. El PRI sigue en el poder. ¿Por qué? ¿Hasta cuándo?

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