¿México en Davos?

Pocos días después del 2 de julio de 2012, estando yo con mi pequeño nieto en un centro comercial, una mujer, de clase media-alta, se acercó a mi haciéndome señas obscenas y gritando: “Ganamos, pendejos, les ganamos, ahora sí se van a chingar”.

Mi nieto, con apenas tres años, se espantó y comenzó a llorar. Yo me quedé perplejo y para decirlo con todas sus letras francamente encabronado. Así sigo. Así seguiré en tanto las cosas no cambien en México.

Al final, trágica paradoja, resulta que la mujer histérica, grosera e imprudente, retrato fiel de la canalla que nos gobierna, tenía razón: con Enrique Peña Nieto en el poder nos chingamos sí, pero todos, incluso ella.

¿Qué pensará esa señora hoy al ir de compras al mercado y encontrarse con que la canasta con 28 productos básicos en el DF subió, en el área metropolitana de la Ciudad de México y solo en un mes, de 880.00 a 946.00 pesos?

¿Tendrá alguna relevancia para ella el dato de que la FAO sitúa a México entre los países con mayor inflación mensual en alimentos?

¿Le pesará en el bolsillo que el jitomate, la cebolla y el chile serrano hayan aumentado 23.6, 25.2 y 58.8 por ciento, respectivamente?

¿Cómo se sentirá al ver que la sombra de la inseguridad se cierne sobre ella y su familia y que el número de secuestros y extorsiones ha crecido exponencialmente?

¿Y de los nuevos impuestos, de los gasolinazos, de las amenazas crecientes a su bolsillo, al bienestar de su familia qué dirá ahora a un año de gobierno de Peña Nieto?

¿Seguirá pensando que solo “nos chingamos los pendejos”?

¿O se sentirá feliz, satisfecha, orgullosa de que ese hombre que, a punta de spots y de billetes entró a Los Pinos, se encuentre en Davos, donde se reúnen los ricos y poderosos del mundo, hablando con ellos, de tú a tú, del México que divisa desde la ventanilla de su avión?

Ese México que no tiene nada que ver, por cierto, con el que padecemos día a día. Un México “en paz, competitivo, sin secuestros ni extorsiones” para atenernos a la jerga gubernamental.

Un México donde la violencia ha disminuido sustancialmente —al menos en los noticieros de la tv y la radio, que guardan, serviles, un ominoso silencio— y todo está bajo control.

Quienes en Davos lo escuchan saben que Enrique Peña Nieto miente, pero no les importa.

Están perfectamente al tanto de lo que sucede en Michoacán y en Veracruz, Guerrero, Coahuila, Chihuahua, Nuevo León, Tamaulipas.

Llevan décadas sabiendo de qué está hecho el régimen que padecemos, cómo la corrupción es su verdadera piel y cómo lo caracteriza una ineptitud crónica y terminal.

Saben, esos que escuchan a Peña Nieto, cómo y por qué surgieron las autodefensas en Tierra Caliente. Sus agencias y servicios de inteligencia les han informado del colapso institucional y de la ineficiencia atávica de las fuerzas armadas y las policías, de cómo muchos de sus mandos tienen nexos con los cárteles de la droga.

Saben también, esos ricos y poderosos, que la droga continúa cruzando hacia el norte del Bravo, que los miles de millones que su venta produce oxigenan a Wall Street y que el consumo que Washington tolera y Hollywood promueve asegura la paz social en territorio estadunidense.

Entienden que este negocio depende de que el estatus se mantenga. De que en Estados Unidos no se produzcan grandes decomisos de droga ni se capture a los grandes capos locales y de que en México el gobierno no toque las finanzas del narco.

Tienen bien claro, esos que a Peña Nieto aplauden, que la guerra contra el narco es una farsa sangrienta, pero sonríen complacidos mientras le reconocen sus esfuerzos, alaban sus éxitos económicos y le prometen todo tipo de apoyos.

Y es que el hombre, nadie lo puede negar, ha trabajado bien para ellos. Les lleva nuestros recursos naturales en bandeja de plata. Les pone sobre la mesa el país como botín para que se lo repartan.

¿México en Davos? ¿En el discurso de Enrique Peña Nieto? ¡Qué va!

Todo el mundo ahí, en Davos, sabe que el país de verdad, el de la carestía y la violencia, el desempleo y la incorporación masiva de jóvenes desesperados en los ejércitos del narco o expulsados del territorio por la miseria o sumados a las autodefensas, el México, digo, donde nos “chingamos” todos, incluidos esos que votaron por el PRI, no aparece ni interesa a nadie que aparezca por ningún lado.

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