Verdad Amarga

Una victoria pírrica: a 70 años de la Segunda Guerra Mundial

Como nunca desde su fundación —quizá ni aún durante los tiempos de los zares ni bajo el yugo sanguinoliento de Stalin— la gran Plaza Roja de Moscú se vistió de fiesta.

Más de 143 aviones militares y helicópteros sobrevolaron el cielo como parte del desfile militar celebrando el Día de la Victoria, o como los rusos han venido a definir su triunfo sobre el fascismo y el nacional-socialismo, la “Gran Guerra Patria”, este 9 de mayo del 2015. En las celebraciones estuvieron presentes cerca de 30 mandatarios extranjeros, entre ellos el líder cubano Raúl Castro, el presidente venezolano Nicolás Maduro, y el premier de China Xi Jinping, así como los líderes de la India, Sudáfrica, países de la Comunidad de Estados Independientes, de Europa y Asia.

Sin embargo, fue por demás notoria la ausencia de Barack Obama, quien pretendiendo no dar un signo de debilidad —dadas las relaciones tirantes entre Rusia y los Estados Unidos de Norteamérica desde el año pasado— terminó brindando el mensaje equivocado: proyectando debilidad en la escena geopolítica actual al no asistir a una conmemoración histórica que hubiera conllevado sin duda a otro tipo de mensaje, sobre todo al tratarse de una guerra cuyo triunfo se debió al esfuerzo conjunto de las potencias aliadas.

De hecho, después del fracaso de su política de sanciones, el boicot que el gobierno estadounidense pretendía sobre Rusia terminó brindando un triste despliegue tan inútil como infantiloide, tras la rebatinga por mantener cada cual una posición privilegiada sobre Crimea y la nueva república de Donetsk en el 2014.

Y ante esta ausencia significativa, el premier ruso Vladimir Putin refirió en su discurso sobre los peligros de crear un mundo unipolar, subrayando que en las últimas décadas se ignoran cada vez más los principios básicos de la cooperación internacional logrados “por el sufrimiento de la humanidad después de las pruebas globales de la guerra”. 

Sin embargo, no dejó de enfatizar desde su perspectiva, tras haber agradecido a los países que coadyuvaron en la coalición antihitleriana —mencionando al Reino Unido, Francia y Norteamérica por su contribución— que el triunfo se dio gracias al impulso del Ejército Rojo y su asalto destructor sobre Berlín, hecho que viene a echar por tierra cualquier posibilidad de evitar la polarización, y más en un mundo en donde la barbarie islamista va ganando terreno (masacrando inocentes y destruyendo museos), la economía global sigue pendiendo al vaivén de los caprichos, y nadie parece aprender las lecciones que el pasado ofrece. 


enrique.sada@hotmail.com