Verdad Amarga

Otra vez Francia

Empañada de sangre y de vergüenza por las desatinadas políticas públicas en detrimento de sus nacionales, para favorecer la migración de mahometanos y criminales, Francia parece hundirse en un espiral sin fondo en tanto el Gobierno de Francois Hollande, en el culmen de la insensibilidad y el cinismo, avisa a sus propios ciudadanos que “tendrán que acostumbrarse a convivir con la violencia”, en tanto le augura a futuro "muchos años y probablemente mucho sufrimiento" a un país que todavía se encuentra en shock tras el atentado perpetrado por un musulmán franco-tunecino que dejó casi 100 muertos en Niza, durante las celebraciones de la Toma de la Bastilla.

Esta nueva escalada de horror sucedió cuando el asesino condujo a toda velocidad un camión de helados por el Paseo de los Ingleses,—siguiendo instrucciones televisivas de los líderes del Estado Islámico en donde indican usar automóviles, trenes y aviones como armas contra civiles—arrasando con niños y jóvenes mientras miles de personas asistían a ver los fuegos artificiales en la ciudad que ahora, muy lejos del garbo de la época del Cine de Oro como destino turístico, se ha convertido en uno de los centros de mayor densidad de islamistas radicalizados, con mezquitas donde sus imanes predican el típico odio fundamentalista.

Sin embargo, llegados a este punto, muchos se preguntarán por qué tan particular ensañamiento con Francia por parte de quienes se han aprovechado de sus políticas demagógicas y de puertas abiertas durante los últimos años. Y la respuesta no se hace esperar: al mahometano no le conmueve la bondad ni simpatiza con quien le extiende la mano, ni reconoce nada valioso en Occidente; ni la libertad ni la igualdad ni la fraternidad, ni los derechos ni la bonhomía o la laxitud con que se les mima, pues la ven como una debilidad que por su naturaleza misma les resulta risible y repugnante.

Y al decir esto hablamos precisamente de la nación que como segunda al mando en la Comunidad Económica Europea ha cambiado sus leyes y torcido sus propias instituciones para plegarse a los caprichos despóticos y cavernarios de los hijos de la cimitarra, cuya  segunda y tercera generación (entre losnacidos tanto como nacionalizados franceses) agradece la caridad recibida de la misma manera que les dicta el Corán: con sangre, terror y bombas; esto es, hasta que el pueblo francés, cansado de hollar su dignidad,su memoria histórica y hasta su propia vida, en pos de sustentar lo insostenible—la tiranía de lo políticamente correcto—despierte.


enrique.sada@hotmail.com