Verdad Amarga

Las últimas muertes ¿violencia o justicia social en México?

“Las pasiones que inclinan a los hombres hacia la paz son el temor a la muerte;

el deseo de aquellas cosas que son necesarias para una vida confortable;

y la esperanza de obtenerlas por su industria”.

(Thomas Hobbes, El Leviatán)

 

 

Desde el siglo XVII Thomas Hobbes definía la barbarie humana o la vuelta al “estado de naturaleza” como un estado de guerra permanente en donde el individuo depende para su seguridad de su propia fuerza e ingenio, sin poder esperar la ayuda o el auxilio de otros para conseguir sus propios objetivos. Y este concepto en sí mismo corresponde al peor de los escenarios posibles; cuando la sociedad misma y los individuos se encuentran a merced de la naturaleza negativa de otros y de sus más bajas pasiones.

De ahí la necesidad de forjar instituciones y abdicar la ejecución de la violencia en una autoridad que, al menos en teoría, vendría a salvaguardar el Bien Común así como  atemperar la maldad y el capricho de muchos. No obstante lo anterior, en México este supuesto se encuentra en entredicho si se atiende a los asesinatos de varios servidores públicos ocurridos en los últimos meses.

Hace un par de días en un enfrentamiento entre indígenas chamulas en Chiapas fue ultimado a balazos el alcalde de San Juan Chamula, Domingo López, junto con  cuatro personas más, incluyendo al el síndico del ayuntamientoen pleno centro de la ciudad, luego que el alcalde se negara entregar a las comunidades un recurso para obra pública, y de que el gobierno de Chiapas les otorgará cincuenta millones de pesos.

Al mismo tiempo, el 25 de julio el alcalde de Pungarabato, Guerrero, el perredista Ambrosio Soto, fue emboscado y asesinado a tiros la noche del sábado en un ataque donde perecieron dos personas más.

Sin embargo,  estas muertes no son las únicas que se presentan:  a mediados de abril de este mismo año, a poco más de 100 días del inicio de su administración, el alcalde de Santa Ana Jilotzingo, Juan Antonio Mayen Saucedo, y sus escoltas, fueron asesinados en la carretera Ixtlahuaca-Naucalpan.

Y en un país como el nuestro, donde las autoridades, funcionarios y representantes en general se creen fuera de la Ley y del alcance de la Justicia, existe el germen del descontento social que—justificado o no—puede llevar a algunos a tomar venganza por los agravios que se suceden debido a las arbitrariedades cometidas por quienes, lejos de fungir como salvaguardas del Bien Común, terminan atropellando la dignidad y el derecho de una sociedad cada vez más demandante de transparencia y de resultados


enrique.sada@hotmail.com