Verdad Amarga

La soga al cuello: nueva Ley de Transparencia

Cuando Ernesto Zedillo asumió el poder en 1994, después de una campaña electoral tan desaguisada como desgastante, en su discurso inaugural llegó a decir un par de frases que en su momento se interpretaron como una especie de llamado al suicidio político, y con las que varios medios llegaron a decir que el presidente de la República se había puesto “la soga al cuello”: “Austeridad republicana”, la primera, y “Nadie por encima de la Ley”.

Así las cosas y con poco más de veinte años de distancia, tal parece que el presidente Enrique Peña Nieto apela al pasado o le apuesta como espectáculo particular al mismo juego al promulgar y promover  nada menos que la Ley General de Transparencia y Acceso a la Información.

A más de 12 años de que se creara la primera legislación en materia de transparencia en México, acompañado por miembros de su gabinete y representantes de los poderes Legislativo y Judicial, el mandatario federal firmó la promulgación de la ley en un evento que se llevó a cabo en Palacio Nacional.

Dicho ordenamiento,con   216 artículos, considera como sujetos obligados a los Poderes de la Unión, órganos autónomos, partidos políticos, fideicomisos, fondos públicos, sindicatos y cualquier persona física o moral que reciba o ejerza recursos públicos o realice actos de autoridad.

En teoría, la nueva legislación establece el Sistema Nacional de Transparencia, incrementa la información que debe difundirse en los portales de Internet de los sujetos obligados y prohíbe reservar información en el caso de violaciones graves a derechos humanos.

Nadie discute el que la transparencia estimule la integridad al interior de la nave del Estado, combatiendola corrupción y promoviendola responsabilidad individual en  el desarrollo de la gestión pública en general y, sobre todo, impulsando una cultura  de rendición de cuentas.

Sin embargo, en un gobierno—o peor aún—bajo el marco de un sistema político que cargue con los vicios de sus antecesores; en donde el Estado de Derecho sigue siendo evocado como decálogo de buenas intenciones o letra muerta, con un promedio de 13 mexicanos desaparecidos al día—más que durante la presidencia de Felipe Calderón—y en donde funcionarios  como David Korenfeld, el ex titular de la Comisión Nacional del Agua que no escatimó en usar un helicóptero de dicha dependencia para llevar a su familia de vacaciones sea sancionado con poco  más de 600 mil pesos(en vez de ser inhabilitado para ejercer cargos públicos), entonces los códigos y las leyes se convierten en simple papelería. 


enrique.sada@hotmail.com