Verdad Amarga

Un siglo de Revueltas (1914-2014)

Entre el humo y el polvo, entre disturbios callejeros e intentos de motines donde el Gobierno y los inconformes parecen competir, en un duelo de perfidias, por la responsabilidad de todo lo malo que sucede en este remedo de país, un fantasma amenaza con recorrer nuevamente la nación: el fantasma de la Revolución Mexicana, con sus luchas entre pandilleros (hoy les dicen “héroes” o “caudillos”) que se mataron por el poder durante el siglo anterior.Aún y cuando este movimiento armado fue la primer convulsión social del siglo XX, previo a la Primera Guerra Mundial y la caída de los zares, también hay que reconocer que terminó defraudando la esperanza de los mexicanos con más de setenta años de dictadura de partido. No obstante, si la llamada revolución no trajo democracia ni justicia social—salvo para una nueva hegemonía, apuntalada por intereses extranjeros—brindó una generación de hombres nacidos o criados entre los estertores, que vinieron a suplir aquél vacío, ante la falta de instituciones dignas y representativas.Y uno de estos hombres fue José Maximiliano Sánchez Revueltas, conocido simplemente como José Revueltas.Formado en un ambiente donde las vidas de los santos y sus hechos heroicos le marcarían hasta la pubertad, tiempo en el que ante las expectativas pueriles defraudadas de recibir la manifestación directa de Dios o del diablo, el joven Revueltas terminó supliendo aquél fervor cuando en la ciudad de México escuchó, por vez primera, términos como “libertad” y “justicia social”, hecho que le llevó directamente a las obras de Marx y de Kropotkin (junto a una muy temprana filiación en el Partido Comunista Mexicano) al igual que a la lectura de Tolstoi y Dostoievski—pese a la censura y la crítica acérrima que recibió de sus compañeros de facción que, bajo el dogmatismo ideologizante, denunciaban sus lecturas como “burguesas” y prohibidas entre sus filas.Fruto de su congruencia tanto como del calor con que defendía los principios con los que se identificaba en pleno, Revueltas supo enfrentarse al despotismo de sus camaradas así como a la tiranía del régimen “revolucionario” al tomar parte en su primera huelga a los 14 años de edad, misma que le ganó su primer encierro y posterior estancia como preso político en las Islas Marías, donde aprendió a solidarizarse hasta con los cristeros vencidos como víctimas de la represión autoritaria, y compañeros de lucha incluso. Fruto de esta experiencia sería la publicación de Los muros de agua, primera novela y antesala de una serie de grandes obras así como de nuevos encierros, culminando en Lecumberri tras la masacre de Tlatelolco, donde conmueve por su candor y su valor en aquella carta hermosa que le remite en 1969 al inconmovible y mezquino Octavio Paz, que solo se ocupa de denostarlo, en vez de ayudarlo a salir literalmente de El Apando.Como un hombre libre de todo dogmatismo y enemigo de todas las tiranías, el pasado 20 de noviembre conmemoramos un siglo del nacimiento de Revueltas, y lo hacemos con vergüenza: en tiempos tan inciertos en donde una figura de su altura sigue siendo tan urgente como necesaria en un país que se desmorona entre la barbarie y la hemiplejía moral. 


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