Verdad Amarga

El reality show presidencial

No cabe duda que uno de los fenómenos más recurrentes en los últimos 15 años, notable en tiempos preelectorales, lo es la progresiva banalización del quehacer político—sobre todo del quehacer, desde el discurso político—a tal grado que lo que debiera de ser una cuestión que exige la seriedad que  en teoría le corresponde a la labor de atender las necesidades y demandas que afectan la vida e intereses de todos, tanto los gobernantes como quienes aspiran a serlo, lo mismo en sus intervenciones públicas que en sus interpelaciones, terminan rebajándolo todo a una narración anecdótica que correspondería más a un triste sketch televisivo que a algún tema de agenda nacional.

Y de esto no se escapan nuestros politicastros en México ni sus patrones en la Casa Blanca, como pudimos notar este fin de semana en que el presidente Barack Obama—quien se suponía iba a hablar exclusivamente sobre economía—terminó aprovechándose de la ocasión, desviándose del tema, para fustigar a Donald Trump como candidato, y a la plana del Partido Republicano en general.

Luego de emitir un comunicado con cifras donde intentaba justificar el estancamiento en generación de empleos, uno entre los tantos fracasos que ha venido coleccionando en materia de políticas públicas bajo su mandato, terminó por referirse al virtual nominado por la facción republicana, enfatizando: “Quiero hacer hincapié en que estamos en tiempos serios y que este es un trabajo serio... No se trata de entretenimiento, esto no es reality show, se trata de la elección para presidente de los Estados Unidos” agregando que  le preocupa “el grado en que la cobertura y la información empieza a enfatizar el espectáculo y el circo”, reconociendo que Trump es un espectáculo, culpando a los medios por haberlo creado, e instigando a dichos medios (a los que culpa) para que investiguen los antecedentes del mismo y de todos los candidatos, amagando con emprender una investigación también por su propia cuenta.

Lo lamentable en este caso es que Obama omite también su responsabilidad en la cuota de paternidad que le toca respecto al candidato neoyorquino; sobre todo si se toma en cuenta que es gracias a su fracaso como político—a lo largo de dos periodos—más que a las virtudes (si es que las tiene) de Trump, el que un personaje tan cuestionable haya emergido para posicionarse como opción a la par que otro personaje, no menos siniestro y cuestionable, como lo es Hillary Rodham Clinton, dando la impresión de que gane quien gane la carrera rumbo a la Casa Blanca, solo habrá perdedores en esta elección.


enrique.sada@hotmail.com