Verdad Amarga

La razón sin la fuerza

La historia de las relaciones internacionales bien puede definirse como una historia de encuentros y desencuentros. Aún y cuando se recurre a la Diplomacia como la herramienta por excelencia para establecer nuevos o armoniosos intercambios entre países, es de justicia reconocer que el uso de la misma también se ajusta al campo de la guerra en cuanto se refiere a su etapa persuasiva, a la hora de intentar de convencer a los contrarios de aceptar desde no detonar un conflicto hasta el concederles una honrosa retirada, y disuasiva, cuando se trata de evitar mayores pérdidas entre pueblos o hasta el extremo de suplicar incluso por la existencia o la supervivencia misma de un Estado-nación, teniendo por base la razón o la fuerza.No en vano Chile, que cuenta con el Ejército y la Marina más grande de Latinoamérica, tomó como  escudo de armas el mote de “Por la Razón o la Fuerza”, derivado del antiguo axioma romano “Aut consilis aut ense” (“Por consejos o por la espada”), vinculado históricamente con los orígenes del Estado de Derecho. Por desgracia, ni la razón ni la fuerza asisten a México a la hora de defender sus derechos, ni siquiera cuando la misma nación de las barras y las estrellas es la que se los confiere, como hemos visto últimamente tras la decisión del Departamento de Comercio de los Estados Unidos de imponerle un arancel del 14.87% a productores y exportadores de azúcar mexicana. Y lo peor; que el gobierno mexicano, en vez de tomar medidas propias como cualquier estado soberano e independiente, solo ha atinado a responder como una colonia; esto es, con una declaración que deja mucho que desear dentro y fuera del país: “lamentando la medida” y diciendo que  “representa un retroceso en la integración y delicado balance de los mercados de edulcorantes en México y Estados Unidos, lograda a través del Tratado de Libre Comercio de América del Norte”.No deja de ser curioso como ante una violación semejante, nuestro país solo emite una queja y permite que el agua siga su curso en perjuicio de sus intereses y del bienestar de sus propios ciudadanos, amagando con recurrir a otros(a la OMC) en vez de obrar por su cuenta; y como mientras México se apresta a eliminar aranceles para permitir la entrada libre a su vecino del norte, el vecino del norte le corresponde con la misma familiaridad que le es posible: cerrándole sus fronteras.Sin duda lo anterior nos remite a las viejas asimetrías políticas entre países, que han sido superadas en Europa tanto como en el resto del mundo, y no deja de llamar la atención como lo que para el gobierno de Washington es solo un Acuerdo (Free Trade Agreement, no un Treaty) para nosotros se  impone y se nos vende como un Tratado a secas: curiosa subversión de la realidad conforme al capricho del más fuerte y caso-ejemplo de realismo mágico brindado por nuestros vecinos a costillas nuestras como de su propia honra, tal cual lo han venido haciendo desde 1796,  y en donde vuelve a oírse en un eco bicentenario, a Simón Bolívar decir que “En América ni los hombres ni las instituciones son dignos de crédito: sus tratados son papelería; las constituciones, libros; las elecciones pleitos; la libertad, anarquía y la vida un tormento”. 


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