Verdad Amarga

¿Quién quiere la silla grande?

Luego que se desatara una oleada de encuestas en distintos medios impresos del país—focalizadas a las elecciones de este año—los mismos medios que encabezaron esta tendencia se dedicaron a especular, o a jugar por decirlo de una mejor forma, por igual con el desencanto como con la esperanza de algunos más allá de las elecciones de este 5 de junio, mirando entre los suspirantes que se alistan para competir; no por una alcaldía ni por una diputación, sino por la silla grande; esto es, aún y cuando la elección presidencial del 2018 se encuentra a relativa distancia en la que muchas cosas pueden suceder o atravesarse, lo mismo en la vida interna de los partidos políticos que les cobijan y abanderan, que en la vida propia de los que se ven como precandidatos (con todos los escándalos, corruptelas, esqueletos y deficiencias que les acompañan).

Sin embargo, pese a que la contienda aún se encuentra a dos años de distancia, si se revisan las distintas encuestas y se atienden los triunfos inesperados que vinieron a cambiar la configuración del tablero tras los comicios celebrados ayer, ya se vislumbran algunos factores que estarán en juego, mismos que habrá que sopesar durante el resto del año.

Pese a sus derrotas, el PRI se mantiene como el partido con ventaja en cuanto voto duro independientemente de sus candidatos (que suelen ser muy malos), mientras que el PAN y el PRD contienden entre sí por ver quién es el más corrupto e inepto. Y aunque se vislumbra la posibilidad de un tercero como candidato independiente, habrá que ver que fuerza moral y que alianzas podrían llevar a alguien así desde las calles hasta Los Pinos.

Por otra parte, con más de 15 años en campaña—emulando a Zúñiga y Miranda durante el Porfiriato—y como presidente nacional de Morena, vendiéndose en radio y televisión como “político antisistema” (aunque en el fondo encarna los mismos vicios que representan al sistema desde Calles y Echeverría) Andrés Manuel López Obrador seguirá apostándole a los errores de los demás y al descontento general para favorecer, consciente o inconscientemente, al establishment que solo desde el discurso pretende fustigar: evitando que otros surjan desde la oposición.

Y en este baile de máscaras en donde ya se alistan muchos a competir por la silla grande, lo trágico radica no en afluencia de perfiles que se agolpan—desde lo anodino hasta lo pestilente—sino en que muchos quieren, ciertamente, pero no se ve entre esos muchos a ninguno que pueda con el cargo.

 

enrique.sada@hotmail.com