Verdad Amarga

¿Quién quiere el próximo Nobel de Literatura?

“You don’t go to the hardware store for oranges, as they say,

and if you want poetry, you don’t go to Bob Dylan”.

Stephen Metcalf


Por lo visto y con no menos asombro, parece que algunos aún se toman en serio la entrega del Premio Nobel en estos días; reconocimiento que ha tenido más altibajos que una Montaña rusa.

Como ejemplo de ello bien podemos recordar desde la candidatura del galardón a personajes como Hitler, Stalin o George Bush Jr. hasta su otorgamiento al presidente Barack Obama—con el Nobel de la Paz—dos semanas antes de bombardear Afganistán.

Sin embargo, en lo que respecta al campo de las letras existe la inconformidad que va desde los puristas entre los puristas; esto es, quienes desde la “corrección política” más acérrima que la de los otorgantes reclaman que no se le dé a un hombre de  color hasta quienes objetan que se banaliza y se degrada el quehacer literario al dárselo a Bob Dylan—desplazando a Philip Roth, Cormac McCarthy o Haruki Murakami—tanto como que este no se entregaría a un santo de la política o a un genio de la economía. 

La Academia Sueca justifica su elección arguyendo que Dylan ha creado “nuevas expresiones poéticas dentro de la gran tradición de la canción estadounidense” y que los estatutos del Nobel definen como literatura “no solo los trabajos puramente literarios sino también otros escritos que por su forma de presentarse posean valor literario”.

Lo anterior dio pie a largas horas de revuelo y páginas parloteandomientras algunos se devanan los sesos con navaja de afeitar, justificando la “originalidad poética” en sus composiciones, para curar la falta de originalidad que hay en el fondo de todo esto, mientras Bob Dylan desaparece de la escena.

La Academia manifiesta haber renunciado a intentar contactar más —a través de su representante o por teléfono— a quien se niega  a ser contactado en todo su derecho. Y así es mejor; con ello y de manera gratuita Dylan les ofrece una cátedra de dignidad tanto como de sentido común a quienes desde la institución han perdido la vergüenza en sus otorgamientos desde hace décadas y ahora, sin brújula ni norte, infatuados y contaminados del fariseísmo de lo “políticamente correcto”, pretendían pararse el cuello ante el resto del mundo usando al músico como juguete, bandera y rehén de todos sus caprichos y desatinos. 



enrique.sada@hotmail.com