Verdad Amarga

Los primeros cien días

Sin duda alguna, tan ávidos de poder alcanzar la misma gloria, o acaso asesorados por algún intelectual en mayor o menor medida lo suficiente entrado en la materia de las evocaciones históricas, suele hablarse mucho de los primeros cien días como parámetro en materia de administración pública. La costumbre en sí podría resultarles ciertamente habitual pero indudablemente es tan ajena en su origen; no solo a la gran mayoría de los ciudadanos, sobre los cuales se supone al menos en teoría, se rige; también debe de parecerles sumamente extraño por igual a los funcionarios de gobierno como a los gobernantes y el común de la clase política mexicana que lo adopta por rutina o en virtud de la sugerencia de alguno de los asesores más cercanos a la nomenclatura.Ignoran que la primera vez que se habló en estos términos fue cuando Napoleón I logró evadirse de la isla de Elba después de haber sido derrocado por la labor combinada de las principales potencias europeas (Gran Bretaña, Austria y Rusia) en aquél entonces. El malestar generado en Francia con el asenso al trono de Luís XVIII llegó a verse reflejado en la opinión pública por parte de los ciudadanos que resentían el tránsito abrupto de haber sido un Imperio, cuyos límites se extendían hasta las estepas rusas, para retroceder al estatus de reino entre 1814 y 1815.Esta situación alentó a Napoleón a regresar conforme al llamado de muchos, quienes además de visos de desigualdad y despotismo también señalaban corrupción por parte de las autoridades regias.Una vez que pisó las arenas del Golfo Juan, el Emperador avanzó paulatinamente por las principales ciudades y provincias del reino sin encontrar ninguna oposición significativa a su paso, haciéndose de apoyo popular a la medida que se encaminaba rumbo a París. Ya a las puertas de la capital, el penúltimo de los Borbones franceses huyó buscando auxilio rumbo a Bélgica. Por desgracia, el “Águila de Austerlitz” solo logró sostenerse en el poder y desafiante 100 días hasta que por azar fue vencido en los campos de Waterloo, tras la acción combinada del Duque de Wellington y la caballería prusiana al mando de Blücher. El resultado, como era de esperarse, fue un exilio mucho peor que el de la isla de Elba: el peñón de Santa Elena, al extremo sur del Atlántico, sitio donde finalmente habría de morir en 1821.De lo anterior que la clase política—al menos en su versión mexicana—pretenda tomar en los tres niveles de gobierno la pauta de los famosos “primeros cien días” como una extraña mezcla de parámetro de pulso político (percepción social o popularidad) y pasarela a su vez (cuando esta cuenta con planes o proyectos diseñados, pensando en el futuro, desde uno o más periodos previos, lo cual es raro en nuestra latitud) sin reparar que el precedente histórico estaría muy lejos de querer ser emulado porque terminó en fracaso; y que lo que esperamos los ciudadanos de ellos es continuidad en el ejercicio del buen gobierno así como algo que no hemos visto desde hace décadas: noción de Patria y visión de Estado.


enrique.sada@hotmail.com