Verdad Amarga

La nave del Estado

Desde el siglo XVII, concretamente desde que el visionario Thomas Hobbes estructurara las razones y constitución moderna del Estado en El Leviatán: o la materia, forma y poder de una república eclesiástica y civil, se supone que tanto gobernantes como gobernados estamos más o menos conscientes de que la consolidación y el rumbo firme de una Nación depende esencialmente de la suma multitudinaria del esfuerzo en conjunto de todos los que la componen. De aquí que con el empuje y la representación que los ciudadanos le brinden es que cobra vida ese titán que por su tamaño y potencial termina siendo la representación idónea que el estadista británico concibiera a imagen y semejanza de aquél monstruo dos veces legendario: por sus proporciones bíblicas así como por veterotestamentario.Si embargo, dentro de lo inmediato parece que todas las reglas, sistemas y leyes ensayados o concebidos en este campo, llegan a ser rebasados hoy en día por la realidad mexicana. Al menos esta es la sensación que se nos revela cuando analizamos el complejo andamiaje que le brinda solidez a la nave del Estado en nuestro país o cuando volvemos los ojos a  Heriberto Yepes y su obra La increíble hazaña de ser mexicano, publicada en su primera edición tan oportuna como atinada: cuando el anterior gobierno federal se empecinaba en ocultar sus corruptelas y fracasos (en materia de inseguridad, transparencia y políticas públicas) tras el boato oropelesco de las mal llamadas “Fiestas del Bicentenario”.Da gusto leer a Yepes reeditado, refrendando este diagnóstico complejo y generalizado de nuestra identidad histórico-sociológica, mismo donde llega a subrayar hemos adoptado un estilo de vida que pospone nuestra responsabilidad. Lo anterior viene al caso tratándose de la irresponsabilidad compartida tanto en los que aprovechando la tragedia de Ayotzninapa—en vez de exigir justicia o la captura de los “Guerreros unidos” como asesinos de estudiantes—no solo se deslindan de su responsabilidad inmediata (mandando a 43 jóvenes a su propia muerte) sino que aún pretenden lucrar con el dolor a través de la especulación; y quienes desde el Gobierno Federal—Murillo Karam y Osorio Chong—se hicieron sordos hace un año a lo que la “izquierda mexicana” perpetraba como Gobierno, so pretexto del “Pacto por México”, reduciéndolo a un acuerdo entre complicidades. Sin embargo, por fortuna y contra todos los hados, queda claro que si la nave del Estado aún no colapsa no es gracias al titular del Ejecutivo(que en este campo, como en otros, deja mucho que desear) ni por virtud o inteligencia de sus Secretarios de Estado (triste reflejo o hechura misma de una sociedad corrompida como de quien los llevó al poder);por el contrario, es por la labor y el patriotismo de unos cuantos que se entregan en jornadas que sobrepasan 15 horas diarias desde su oficina o en labores de campo; quienes anónimamente, despojados de oscuros compromisos, sin espíritu de secta, trabajan como remeros en las entrañas del sistema. Y es aquí donde la esperanza se renueva, y en medio de la noche quizá cobran vida las palabras que por motivo similar enunciara otro paisano de Hobbes, Sir Winston Churchill, en pleno siglo XX: “Nunca tantos le debieron tanto a tan pocos”. 


enrique.sada@hotmail.com