Verdad Amarga

Una nación en contramarcha

“Hay que cambiar  para que todo

siga igual.”Giuseppe Tomasi,

Príncipe di Lampedusa 


Si una constante puede hallarse a lo largo de la Historia en la decadencia de los imperios es el esfuerzo que hacen sus dirigentes por impedirla. Cómo referente por excelencia viene a la mente el caso particular de la Roma de los Césares y uno de sus últimos emperadores, Alejandro Severo, quién emprendió importantes reformas ante el amago de los bárbaros del Norte.

Sin embargo, la caída fue inevitable y la reconfiguración occidental dio origen a nuevos estados-nación bajo otro orden establecido.

Y en este contexto vemos al imperio de las barras y las estrellas, el de las instituciones republicanas y federales, el que se ufanaba de haber impuesto su sistema en todo un continente en una de sus peores crisis históricas; pasando de potencia indiscutible a nación con mayor déficit y endeudamiento, próxima a ser rebasada por China o la India. De aquí que el encumbramiento de Barack Obama hace 8 años, revestido de mesianismo político, obedeció a la desesperación del establishment y la sociedad estadounidense.

Sin embargo, el cambio prometido quedó en entredicho desde que configuró su gabinete: en medio de cuestionamientos, contradicciones y tropiezos.

El primero fue el escándalo suscitado por quien fue gobernador de Illinois, Rod Blagojevich, acusado de corrupción y vinculado con Rahm Emmanuel, Jefe de Equipo de la Casa Blanca y ferviente impulsor de la guerra, quién usó su jefatura legislativa para negar apoyo a candidatos de su propio partido que se oponían a invadir Medio Oriente.

A lo anterior habrá que añadir la controversial designación de Hillary Clinton como Secretaria de Estado, quien como contendiente de Obama en aquel entonces (y ahora, nuevamente suspirante a la Casa Blanca) amenazó con “eliminar a Irán”—esto es, a más de 60 millones de vidas humanas—si este país amenazaba a Israel; agregándole las designaciones de Lawrence Summers (encargado del Tesoro durante el gobierno de Clinton) como asesor económico de la Casa Blanca y a la halcona belicista Susan Rice  como embajadora ante la ONU.

Por lo tanto,  vemos que si algo aún vincula a la Administración de Obama es el pasado: esto es, su apoyo a la clásica política exterior arbitraria de Estados Unidos así como su fe en la omnipotencia del libre mercado como herramienta para imponer al mundo la Doctrina Monroe; y todo lo anterior como una afrenta vigente para quienes a través del voto, hace 8 años, repudiaron el militarismo intervencionista, la política del miedo, el manejo económico arbitrario y la violación de los derechos humanos en ese país. 


enrique.sada@hotmail.com