Verdad Amarga

El muro de Berlín: 25 años y otras tantas caídas después

“No habrá Revolución, se acabó la Guerra Fría,se suicidó la ideología”. 


Joaquín Sabina



El 9 de noviembre de este año, miles de estudiantes ensamblaron una enorme fila dominó formado por grandes piezas que incluían lo mismo grabados con alusiones de paz, recuerdos y esperanza, extendiéndose hasta  la mítica Puerta de Brandenburgo, en donde la caída de la última pieza dio pie al ceremonioso estallido de fuegos artificiales, vítores, conciertos y espectáculos de luz y sonido que engalanaron a la capital alemana. En tanto resonaban triunfantes las notas de la Oda a la Alegría de Beethoven para los berlineses, esa noche los ojos del mundo parecieron detenerse, quizá como lo hicieran veinticinco años atrás para contemplar con asombro como hombres, mujeres y niños se agolpaban con marros y maquinaria pesada para derribar esa tranca que fue símbolo vivo de la polarización en que cayó la humanidad tras el triunfo de los aliados sobre la Gröss Deutschland nacional-socialista: el muro de Berlín.Estas celebraciones sirvieron para unir en espíritu a todos los germanos que tuvieron que padecer reacomodos o descalabros para volver a integrarse como una sola nación, antes dividida ideológicamente entre el este y el oeste; y en este último caso, como humanidad, pareciera que lo anterior es algo digno de celebrarse. Para quienes contemplamos y recordamos todo esto, dadas las circunstancias actuales de zozobra e incertidumbre internacional que provocan la aún vigente recesión económica, aunada a la amenaza de una nueva pandemia, nos queda la sensación de que quizá la solución a todos los problemas que hoy nos agobian remiten, en muchos casos, la vuelta de viejos fantasmas como los fundamentalismos político-religiosos  que no han sido del todo pruebas superadas, y pareciera que la presente década envejeció prematuramente o nació condenada por el siglo que le precedió al no poder ofrecer nada nuevo bajo el sol de un nuevo siglo, salvo la proliferación de la tecnología y el descontento, en donde la unificación germana viene a simbolizar el derrumbe de todo cuanto nos antecedió—con la promesa y la receta de un mundo mejor—pero fue rebasado por la fuerza de la realidad misma como caduco e inorgánico: desde las utopías más cándidas e irrealizables hasta la barbarie de los totalitarismos multicolor; desde la fe en la omnipotencia y benevolencia de la libre economía de mercado (como umbral del estado de bienestar para todos) hasta el dogmatismo que, con sobrada ingenuidad o malicia, veía en esa “mano invisible” a la personificación misma del Mal sobre la tierra.La debacle del Muro sin lugar a dudas nos vuelve a poner sobre la mesa todas aquellas lecciones que no hemos aprendido tanto como aquello que nunca debimos haber olvidado. Sin embargo, lo anterior también constituye una nueva bocanada de aire fresco: nos recuerda que lo mejor por este mundo aún está por hacerse, y nos invita desde todos los rincones de la Tierra—en este nuevo siglo—para luchar por derribar todos los muros que frenen el progreso y la dignidad humana, (como los Muros de la Vergüenza en los Estados Unidos e Israel) más  todos los que puedan levantarse amenazantes. 


enrique.sada@hotmail.com