Verdad Amarga

Los filisteos de la cultura perulera

De acuerdo con el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, se entiende por “filisteo”—más allá de la tribu canaanita del Antiguo Testamento—nada menos que a la persona de espíritu vulgar, de escasos conocimientos y, sobre todo, de poca sensibilidad artística o literaria.

Este concepto, introducido por Nietzche y abordado por Nabokov, bien puede aplicarse a una generalidad en común.

Sin embargo, también comprende subdivisiones, como sucede cuando se refiere a cierto tipo de individuos como  lo son los filisteos de la cultura; esto es, aquellos burócratas a quienes el compadrazgo, la relación clientelar, el amiguismo (o todas las anteriores) los ha llevado sin mérito o virtud a medrar en la administración pública, ocupando un cargo relacionado dentro de lo que se entiende por cultural o artístico; individuos que desde sus limitaciones se acomodan en un puesto, apostándole a la inercia, en la cual si llegan a moverse es solo para defender su zona de confort. 

Y así, de manera arrogante, los filisteos de la cultura tienden a rechazar o minusvalorar por sistema todo aquello que a su muy limitado juicio pueda representarles esfuerzo o aprendizaje que enturbie la tranquilidad de las aguas en donde flotan, trátese de una institución educativa, una empresa o una dirección gubernamental;y la razón es simple: saben que su trabajo se reduce nada menos que al de fungir como cancerberos del “pensamiento único” o esbirros de alguna posición ideologizada desde la que venden (sin éxito) la idea de una supuesta lealtad para con el funcionario o grupo al que le deben el puesto, pero no a la empresa, ni mucho menos al gobierno o al alcalde bajo cuya sombra se cobijan. 

Por ende, su ocupación respecto al quehacer cultural—que debería importarle—se limita a una actitud cerrada y mezquinacuando el filisteo presume impunidad como recomendado desde una capital, que es lo que sucedió en el Archivo Histórico de Torreón con Rodolfo Esparza Cárdenas, a quien se debe no solo la pérdida de la hemeroteca (para abrirle oficina a una amiga) desde que cobra en la administración anterior sino también la pérdida por negligencia—usando el recinto para festejos musicales—de un fondo documental único en su caso (con cerca de 800 manuscritos de puño y letra de los principales personajes históricos del México Independiente) equiparable a los de la Universidad de Texas. 

El problema es que el daño a la institución se agrava porque trasciende a generaciones de torreonenses a quienes se escatima, por culpa de un solo individuo, de un bien que sería para todos. 


enrique.sada@hotmail.com