Verdad Amarga

El desprecio hacia el pasado

Con admiración, para Lucrecia

Martínez de Santibañez


A lo largo de los tiempos, todos los pueblos civilizados han patentado su interés por conservar su memoria histórica gracias a la preservación de los monumentos, los objetos y sobre todo, gracias al valor que se concede a las ideas y los hechos más notables a través de la palabra escrita.

Y quienes se han encargado del acopio y protección de este legado siempre han sido aquellos hombres o mujeres que  por su ilustración y generosidad son  respetados como instituciones vivas, gracias al interés por dotar a su comunidad  de aquellos elementos que le ayudan a elevarse.

Y es en este apartado en que la ciudad de Torreón ha contado con la Licenciada Lucrecia Martínez de Santibañez, a cuyas gestiones se debe nada menos que la que fuera una de las ciudades más prometedoras del norte cuente con la Camerata de Coahuila para orgullo no solo de los torreonenses sino de la Comarca Lagunera en donde confluyen los Estados de Durango y Coahuila.

Y como muestra de su compromiso como promotora cultural fue que Lucrecia Martínez hizo entrega de otro obsequio único y de importancia para la Historia de México: 720 documentos históricos que configuran un acervo equiparable a la Colección Genaro García o la Hernández y Dávalos (hoy propiedad de la Universidad de Texas, gracias a la insensibilidad y falta de visión de los gobiernos “revolucionarios” en los años veintes); documentos que van desde actas de matrimonio, de bautizo, de fallecimiento, testamentos, poemas, ordenanzas militares o litografías, así como  correspondencia de los personajes que marcaron el siglo XIX mexicano tales como Agustín de Iturbide, Antonio López de Santa Anna, Guadalupe Victoria, Anastacio Bustamante, los Sánchez Navarro y muchos otros, mismos que fueron presentados para su entrega al Archivo Municipal de Torreón el pasado 5 de marzo en el evento Del Imperio al Porfiriato

Sin embargo, por no ofrecer las mínimas medidas de seguridad correspondientes, aunado al desdén y la utilización del Archivo para tertulias musicales encabezadas por el propio director del mismo, la propietaria del acervo optó por retirarlos definitivamente.

Esta situación vergonzosa, que solo muestra el desprecio de quienes son enviados desde Saltillo para ocupar este puesto, ha sido notorio en este caso (el director repitió el mismo cargo desde la administración pasada) y en tiempos electorales solo permite entrever algo peor, saber que cuando un gobierno no se preocupa por preservar lo mejor de su pasado, menos pueden esperar de él sus ciudadanos.


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