Verdad Amarga

Trump presidente: del vértigo a la resaca electoral

Contra todos los pronósticos “oficiales”; contra casi todos los medios de comunicación en su país y contra todo el poder del establishment, desde la Administración de Obama hasta el  dinero e influencia de George Soros, (quien fue el verdadero perdedor de la elección del martes pasado) para sorpresa de muchos, Donald Trump fue electo como el nuevo inquilino de Pennsylvania 1600, convirtiéndose en el 45 presidente de los Estados Unidos de Norteamérica.

En una jornada electoral histórica y álgida como no se había visto desde la contienda entre John Fitzgerald Kennedy y Richard Nixon, el neoyorquino no solo se agenció más de los 270 votos del Colegio Electoral; también ganó el  voto popular entre la noche del 8 y la madrugada del 9 de noviembre, pese al catastrofismo tendencioso del mainstream media estadounidense que, como candidato, lo fustigó más por sus palabras que por sus hechos. 

Por desgracia, lo anterior generó una tendencia que se convirtió en lugar común y corrillo dogmático para los opinólogos e “intelectuales” mexicanos (dignos de columna y crítica aparte) que se taparon los ojos antes que evaluar el sentir del norteamericano promedio respecto al gobierno de Obama, sin escatimar el insulto que representó la imposición truculenta de una candidata que, lejos de la posibilidad de contender por la presidencia, merecía la cárcel.

Por fortuna para todos, como presidente electo, Trump ha venido a suavizar muchas de sus posturas radicales desde su discurso triunfal en las primeras horas del 9 de noviembre, manifestando desde la voluntad de asumir el cargo como presidente de todos los estadounidenses, renunciando a su sueldo como titular del Ejecutivo —algo que no se veía desde la presidencia de Kennedy— y restableciendo las relaciones entre Rusia y su país, con quien comparte intereses comunes que van desde lo económico-global hasta el combate al terrorismo.

Sin embargo, el reto que se impone de manera inmediata exige del nuevo presidente llevar el discurso conciliador a los hechos; tomando en cuenta que su triunfo se lo debe a esa gran mayoría silenciosa que padeció durante 8 años desde los efectos demagógicos (en sus bolsillos y en sus instituciones) de una serie desatinada de políticas públicas hasta la impostura orwelliana de lo “políticamente correcto”. 


enrique.sada@hotmail.com