Verdad Amarga

Thatcherismo, reaganomía y fracaso

Respecto a cierta columna anterior, recibí comentarios en torno a la difunta “Dama de Hierro” donde se me preguntaba si acaso tuvo algo rescatable en su figura y su legado político que tanto ha afectado al mundo.

Y la verdad es que nos guste o no, Margaret Thatcher sigue presente en nuestras vidas, más que por un sello personal o don de gentes—como Churchill en Inglaterra o Kennedy en Norteamérica—por la inercia de sus iniciativas implementadas hace más de tres décadas donde la baja en los impuestos, la desregulación y las privatizaciones sin criterio se convirtieron en moda y, como tales, fueron emuladas e impuestas en gran parte del mundo; tanto así que no solo carga en buena medida con responsabilidad en la crisis económica mundial que nos afecta sino también en sus intentos por revertirla, donde la exclusión del Estado interventor, como señala Jellinek en La retirada del Estado, se nos presenta como efecto de inspiración thatcheriana junto con la desregulación de los centros financieros—como lo hizo en Londres—y la eclosión de la banca de inversión, con su oferta de servicios generales,de modo que no solo conocemos el sistema económico que implementó, responsable de la recesión del 2008: vivimos insertos en el mismo.

Hay que admitir que el liberalismo patentado por ella es tan vigente que sobrevivió a su propia muerte, aunque no para bien, y reconocerle que aún hasta la fecha ningún político ha sido tan influyente como la misma, a quien habría que acreditar también paternidad en muchas de las medidas impuestas por la Reaganomía estadounidense, con los mismos efectos cuestionables (políticos y económicos) a nivel mundial.

En contraparte, como líder y jefe de Gobierno fue consecuente con sus proyectos sin claudicar respecto a lo que creía ser lo correcto—en una extraña mezcla de ideología política y religiosidad personalista, más propia de los políticos de izquierda—aunque fue tan intolerante como poco receptiva a la crítica, polarizando a la sociedad misma (desde su apuesta constante por el pragmatismo) sin importarle el costo,  respaldándose siempre en los defectos de otros países rivales, así como en  la poca productividad europea de aquellos años, en vez de estimular la producción en su país. 

Y hoy que la Unión Europea fustiga a una Grecia en crisis, que una Grecia en crisis se olvida de lo que debe a sus acreedores y que Alemania, a la cabeza de la Unión Europea, se olvida también de la deuda que se le perdonó durante la posguerra en el siglo anterior, tal parece que en materia de thatcherismo muy pocos aprendieron la lección. 


enrique.sada@hotmail.com