Verdad Amarga

Terrorismo y migración: dos caras de una moneda

La suma de lo ocurrido sobre el tablero internacional en materia de migración, a un año de la muerte del oficial Lee Rigby por integristas musulmanes, rebasó su propia órbita a tal grado que lo que ayer quedaba suscrito al campo de la diplomacia se ha convertido en asunto de seguridad nacional con luces rojas sobre Estados Unidos, Francia y el Reino Unido. En el primer caso, el menos grave, vemos la negativa del presidente Obama para una reforma migratoria, disfrazando esta actitud con la designación al gabinete del hispano Julián Castro—ex alcalde de San Antonio, Texas— mientras su gobierno prosigue contra mexicanos y latinos con la misma política típica del redneck anglosajón y protestante.Mientras tanto, en el segundo, la situación es más  peligrosa por lo que desentraña: el brutal asesinato de un soldado en París por migrantes musulmanes, a plena luz del día, antecedió la decapitación de Rigby así como una serie de agresiones de los mismos contra cristianos y judíos en la ciudad de las luces. De aquí que la actitud indolente del gobierno francés viniera a definir el triunfo de la ultranacionalista Marine Le Pen y el Frente Nacional para el parlamento europeo.Por desgracia en ambos países todo apunta a una misma red terrorista, según informes de Inteligencia Británica (del MI5 y el MI6) que desde el 2007 contempla 35  redes islámicas en Londres, más de 80 entre Midlands, Leicester, Derby, Nottingham, Bradford, Leeds, Manchester, Cardiff, Swansea y las montañas de Brecon Beacon, donde se reportó a presuntos fundamentalistas entrenándose tras los atentados del 2005. Lamentablemente en ambos casos, los abogados adscritos a las organizaciones civiles de derechos humanos solo han servido para proteger a grupos y atacantes, dificultando su captura con la excusa de defender sus derechos, situación que se ahondó desde que distintos gobernantes  populistas como Miterrand, Blair y Zapatero privilegiaron este tipo de migración muy por encima del simple aspirante o hasta del ciudadano productivo, de forma por demás irresponsable, pues a diferencia de otros casos (como el de la migración latina, pendiente en Estados Unidos) donde los indocumentados contribuyen a la economía nacional como fuerza de trabajo que pugna por una integración legal y digna, en  Europa ocurre lo contrario: lejos de agradecer la generosidad humanitaria, persiste la renuencia de estos individuos a integrarse a la sociedad. Y esta marginalidad dolosa los expone como un peligro, en pocas palabras; como elementos que buscan aprovecharse de la mano tendida para retribuir con crimen e intolerancia a quienes les han dado cobijo. 


enrique.sada@hotmail.com