Verdad Amarga

Sangre, duelo y olimpiadas

“Y mientras en la calle, en loca algarabíael carnaval del mundo gozaba y se reíaburlándose el destino…”.

Sus ojos se cerraron, Carlos Gardel y Alfredo Le Pera



Cuando el Imperio Romano se encontraba ante el asedio inminente de los bárbaros, enfrentaba sin saberlo su inminente caída—como fruto de su propia decadencia—sin saberlo.

Y el problema fue que mientras esto sucedía, la clase política y la ciudadanía se dedicaban al dispendio más escandaloso, preparando festejos antes que abastecer sus propias líneas de defensa.Ciertamente las comparaciones no dejan de parecer odiosas.

Sin embargo, las Olimpiadas en Brasil de algún modo vienen a recordar en mucho aquel episodio histórico no solo por el momento tan inoportuno como accidentado en que las mismas se desarrollan tanto en el país huésped como en el contexto internacional.

A pocas semanas que se inauguraran los Juegos Olímpicos, los helicópteros de la policía permanecían en tierra mientras los patrulleros se encontraban aparcados al igual que el resto de las fuerzas de seguridad de Río de Janeiro en tanto las unidades del Departamento de Bomberos permanecían estacionadas en un fútil y vergonzoso esfuerzo por intentar ahorrar combustible.

¿La razón? La escasez y el desabasto de combustible debido a una serie de recortes presupuestales abruptos, producto de la terrible crisis política que vino a sucederse tras los escándalos de corrupción en que se vio involucrado el expresidente Luis Inacio Lula da Silva y que llevaron a la misma Dilma Roussef a renunciar al cargo.

Desde entonces, Brasil se encuentra bajo la peor recesión económica en décadas, y el estado de Río ha recortado el presupuesto general—incluido el de la policía—demorando el pago de todas las demás corporaciones. Y lo peor de todo es que la situación se ha agravado de tal forma que hasta la seguridad de los ciudadanos y de los propios turistas se encuentra, según parece, en un estado de riesgo permanente durante las presentes celebraciones.

De modo que entre el asombro y el espanto, sin lograr atinar en que cabeza cupo llevar a cabo Olimpiadas en Brasil bajo las condiciones presentes, y en un entorno internacional de atentados terroristas en Europa—con la amenaza, por parte de los autores de los mismos, por exportar la misma cuota de horror y sangre a las celebraciones en este país sudamericano—en un momento que, si bien aún no se asemeja del todo al del Imperio Romano en decadencia, si logra remitirnos a la posibilidad de que el día llegue y ese mismo escenario, entre serpentinas y festejos, se repita y nos tome  a todos por sorpresa. 



enrique.sada@hotmail.com