Verdad Amarga

PAN de muerto

Fundado en 1939 —con setenta y cinco años a cuestas— por quienes en su momento se perfilaron como una generación extraordinaria de patriotas, valerosos e intelectuales, fruto directo del Ateneo de la Juventud y de los estertores de lo que fue la Revolución Mexicana, el Partido Acción Nacional acaba de celebrar su última Asamblea para renovar dirigencia, cosa que hizo ayer, envuelta en una serie de acusaciones de fraude, desaparición y hasta clonación de boletas, al más puro estilo del Viejo Régimen a quien antes criticaba por sus constantes atropellos a la democracia y la dignidad humana, así como por la prostitución de conciencias, a través de la coacción y la compra del voto.
Las acusaciones en otro caso nos tendrían con el mismo cuidado que a dicho partido, sus dirigentes y sus miembros, les tuvo el país durante los doce años que desgobernaron tan solo para enriquecerse, emulando a sus contrarios en todos los vicios y en ninguno de sus aciertos. Sin embargo, siendo las instituciones políticas financiadas directamente por nuestros impuestos, a través del Instituto Nacional Electoral, tal parece que éste y otros ejemplos se presentan como la ocasión idónea o un buen llamado de atención para empezar a fiscalizar la vida interna de todos los partidos por igual.
Por lo que respecta a los contendientes —Ernesto Cordero y Gustavo Madero— en cambio, poco o nada hay para abonar salvo en el hecho de reconocerles como expertos en el campo de la corrupción, la ineptitud o el fracaso, prueba de lo que dieron muestra tanto como gobierno (permitiendo el alegre e inminente retorno de los dinosaurios, los que en realidad y gracias a ellos, nunca se fueron) y como partido, con una senda pródiga en derrotas electorales en los estados(apadrinando a personajes torvos e impopulares), tendencia que derivó en la pérdida de la Presidencia de la República con  Josefina Vázquez Mota en el 2012.
Aún así, y visto seriamente desde afuera, el ciudadano de pie no puede menos que ver esta disputa interna de la misma manera en que Jorge Luís Borges ironizaba el conflicto de las Malvinas, entre Argentina y Gran Bretaña, por un pedazo de tierra (“estercolero de gaviotas” según el genio bonaerense); es decir: “Tan gracioso como ver a dos calvos peleándose por un peine”.
Lo cómico en este caso se sostiene si imaginamos a dos pillos de poca monta disputándose la posesión de un basural, que es en lo que convirtieron el legado de próceres como Gómez Morín o un Clouthier, donde acaso Javier Corral se mantiene como el único heredero de estos últimos, perdiendo la honra y el partido, además del poder, por incompetencia moral e intelectual.
Lo trágico en cambio, radica no en la pérdida de la confianza pública en una institución que ya no tiene nada que ofrecer al pueblo sino en la realidad de trasfondo, infausta y vigente, en un momento en que ya no se avizora siquiera un futuro para México: Si al priísmo se le increpa con justicia el haber degradado al país durante 72 años de “dictadura perfecta”, a Acción Nacional se le increpará con rigor algo mucho peor, que es el haber acabado en doce años con la esperanza de un mejor país a través de las instituciones democráticas. Y esto no tiene perdón.


enrique.sada@hotmail.com