Verdad Amarga

Es que somos muy p...

No cabe duda que la mayor riqueza de un país no la constituyen sus reservas de oro ni los veneros de petróleo que posea sino sus ciudadanos, siendo estos quienes le brindan no solo sostén y cohesionamiento, sino su razón de ser. Y qué mejor cuando entre nuestros ciudadanos existen hombres-instituciones que le brindan por sus alcances tanto renombre como orgullo identitario a nivel internacional.Sin embargo, tal parece que para el gobierno federal esto no importa salvo cuando se trata de caravanearse con sombrero ajeno (como hicieron con las honras fúnebres del colombiano Gabriel García Márquez en Bellas Artes) o de mimar generosamente, con espacios públicos y “centenarios oficiales”, a aquellos intelectuales al servicio de la nómina (como en el caso de Elena Poniatowska y Octavio Paz). Por desgracia, no sucede lo mismo cuando se trata de ponderar a quienes le brindaron mayor honor y gloria a México tras fronteras, sin la necesidad de comprometer su dignidad como un agremiado más dentro en las filas de las llamadas  “mafias (políticas) culturales”, ni de prostituir su conciencia a cambio de una legación diplomática, como es el caso de Juan Nepomuceno Carlos Pérez-Rulfo y Vizcaíno Arias, mejor conocido  como Juan Rulfo.No obstante el gran valor de su obra por todo cuanto representa para la lengua de Cervantes y la literatura universal como el gran parteaguas dentro del “boom latinoamericano”, tal parece que la solvencia moral del autor de Pedro Páramo se mide en proporción al desdén oficial y la falta de respeto que ha recibido tanto en el sexenio anterior—al no dignarse o acordarse siquiera de conmemorar el 25 aniversario de su muerte—y del actual régimen, por parte de la propia Secretaría de Educación Pública, con el atrevimiento de cambiar y hasta de mutilar párrafos enteros de uno de sus mejores cuentos, Es que somos muy pobres, publicado así en las no menos controversiales pruebas Enlace.  Como era de esperarse y por justicia, los hijos y la viuda del escritor demandaron a través del afamado Despacho Larrea y Asociados, por daño moral, a la SEP, cuyo titular, a manera de excusa fútil, no solo no se ha dignado a ofrecer lo que era mínimo,—una disculpa pública, cosa que tampoco hizo como Secretario de Gobernación cuando las masacres de Acteal y de Aguas Blancas en los noventas—llegando incluso a intentar de justificarse (por supuesto, a través de otros) señalando a instancias no gubernamentales como el CENEVAL, a quien se pretendió inculpar por lo que hasta el momento sigue siendo una alteración burda sin ningún responsable directo como indiciado.No deja de ser una vergüenza el que uno de los más grandes escritores latinoamericanos, y el culmen de nuestras letras nacionales como el novelista con obra más traducida en el mundo—después de la Biblia y el Quijote —siga siendo olvidado dolosamente por quienes conforman esta Secretaría de Estado con tan bajo nivel moral y cultural (empezando por Chuayffet y por todos quienes dirigen sus dependencias al interior de la misma);también lo es para quienes les franquearon el acceso al poder público, a través del voto,  y para quienes colaboran con su silencio para que esto se perpetúe. 


enrique.sada@hotmail.com