Verdad Amarga

Neoecheverrismo

Montado sobre una gran campaña mercadológica en todos los medios de comunicación imaginables—diarios, entrevistas, menciones en las dos principales cadenas de televisión del país y un bombardeo sistemático por internet—el eterno suspirante, Andrés Manuel López Obrador  anunciaba pontificante la publicación de su último libro, uno más, en donde como suele ser habitual en este personaje, se recurre a la tinta como catarsis para dos cosas: ya para intentar vapulear a sus enemigos políticos con los epítetos usuales como “enemigos del Estado” o “traidores a la Patria”; ya para justificarse en un laberinto de autoelogios, mezcla datos peregrinos suscritos a la manera de un anecdotario largo y tedioso, donde sobreabundan los lugares comunes, las alusiones a los mitos más rancios de la de por si soporífera historia oficial (de la que él y sus aduladores se nutren a diario) y, sobre todo, la banalización del mal: en el mismo sentido que advirtiera Hannah Arendt hace más de cuatro décadas.
Acompañado por dos personalidades afines a esa ficción a la que Andrés Manuel solía referirse como “su proyecto alternativo de nación”, bajando del monte Sinaí como profeta veterotestamentario le acompañaron en su presentación en el Teatro de la Ciudad el historiador Lorenzo Meyer y Elena Poniatowska; la misma a quien ofrecía como titular en la creación de una nueva Secretaría de Estado, sobre abultando burocracia y gasto público, durante la campaña presidencial del 2012.
Así, bajo la premisa de que “los gobernantes actuales son peores que el Porfiriato” empezó a despeñarse el autor, omitiendo alusiones a la Línea 12 del Metro o la construcción faraónica de un inútil segundo piso, satanizando uno de los periodos históricos de mayor auge y estabilidad del país; haciendo un recuento caricaturesco, por no decir un refrito, en donde acaso al final se limitaba a equiparar a todos los expresidentes de los últimos treinta años ,desde López Portillo a Peña Nieto—sin faltar alusiones al “inombrable”—con quien en su momento fuera reconocido como el padre del México Moderno ó “El Héroe de la Paz y del Progreso”.
En fin, nada menos que un aburrido discurso hecho libro, por 249 pesos, donde los culpables siempre son los otros, y que en su contradictoria dialéctica no se distingue de los de Luís Echeverría Álvarez (a quien prácticamente no toca), ni de su versión distorsionada de la realidad o su manipulación de la Historia a través de la impostura del “pensamiento único”; y una presentación en donde por alguien de la talla de Meyer uno no puede menos que condolerse, en tanto por alguien como Poniatowska (la misma que coreaba “Echeverría o el fascismo” en los setentas, o que se abrazaba públicamente con Salinas de Gortari en los noventas) lo anterior no nos extraña.


enrique.sada@hotmail.com