Verdad Amarga

México después de Trump

Ante la amenaza de nubarrones que se ciernen con la llegada de Trump a la presidencia, tras décadas de entreguismo y servidumbre de paso en favor de la nación de las barras y las estrellas, desde 1911, muchos canallas—la clase política que heredamos de nuestros “héroes revolucionarios”—nos venden un discurso patriotero y visceral donde la solución a nuestros problemas se resuelve, como magia, con hashtags de la bandera carranclana (impuesta desde 1917, con el águila rebajada a gallina de corral para no molestar a los norteamericanos que recelaban que el escudo mexicano le hacía sombra a su águila presidencial).

Sin embargo la solución está muy lejos de resolverse con ocurrencias infantiloides o con bilis, y exige realidades concretas.

En primer lugar, México puede dejar de evitar que los norteamericanos se sigan narcotizando(lastre vil de la administración calderonista),erogando grandes partidas presupuestales para que la droga no cruce hacia los Estados Unidos, invirtiendo ese rubro en su propia seguridad interior; en segunda instancia, dado que nuestro país no tiene por qué financiar el dólar ni ayudar a sostenerlo como divisa internacional, debemos obrar precautoriamente retomando el patrón metal, transfiriendo todas nuestras reservas petrolíferas de dólares a oro y plata. 

De hecho, Banco de México tiene al menos dos años diversificando las reservas, comprando oro que mantiene resguardado en Reino Unido con el fin de darle sostén al peso (por lo cual sería buen momento para traerlo de vuelta a casa). 

Por lo que respecta al amago del presidente Trump de imponer un 20% de impuesto, cabe señalar que viola las reglas de la Organización Mundial de Comercio, por lo que es inviable, y serían los norteamericanos los que terminarían pagándolo en realidad, por lo que varias naciones sacarían su dinero de aquél país y el dólar se devaluaría.

Es hora de hacer uso de la veintena de tratados de amistad y comercio firmados por México, empezando por el firmado con Bruno Delaye desde Zedillo hasta los signados con Centro, Suramérica y Asia en las últimas dos décadas, lo cual diversificaría nuestras importaciones y exportaciones en nuevos mercados en vez de la inercia mediocre de nuestra clase política y empresarial de concentrar más del 80% de nuestro comercio al norte del Río Bravo. 

Ya es tiempo, y el tiempo apremia en nuestro caso.



enrique.sada@hotmail.com