Verdad Amarga

Lágrimas en el cielo

Como es de todos sabido, y acaso aquí mismo se haya repetido varias veces, la historia moderna de occidente —partiendo del supuesto común de la “modernidad” circunscrita más bien como todo aquello que debiera de llamarse contemporáneo— se encuentra escrita con sangre, y las más de las veces con mentiras. En este caso, la omisión histórica equivale por igual no solo a una mentira, sino también a traición cuando la apuesta por la desmemoria conlleva directa y maliciosamente al objetivo de tratar de pasar por alto tanto a víctimas como a verdugos, independientemente del bando o la filiación política e ideológica.Por desgracia para todos, esta tendencia insana y maniquea sigue repitiéndose cuando se omite a las víctimas del holocausto de Hiroshima y Nagasaki, igual que cuando se pasa por alto la masacre de Katyn, y tanto más cuando se trata de abordar el genocidio perpetrado en la ciudad de Dresden (Alemania) hace varios lustros. Justamente, este viernes se conmemoró el 70 aniversario del bombardeo de Dresden durante la Segunda Guerra Mundial, hecho  infame en que fallecieron cerca de 30 mil personas bajo el ataque perpetrado criminalmente por Estados Unidos e Inglaterra.Mientras el Ejército Rojo penetraba Alemania por el este, y los aliados por el oeste, la mayoría de los ciudadanos de la ciudad inmolada, veía la guerra, con todos sus horrores, aún lejana, sin sospechar que la muerte acechaba desde el cielo.Dresden se había librado de la suerte que Berlín o Hamburgo, y los alemanes se aferraban a la esperanza de que la capital de la antigua Sajonia estaba lejos de la lista de objetivos militares, teniendo como una certeza que el final de la guerra—independiente del bando vencedor—estaba cerca. Cuando las sirenas antiaéreas empezaron a sonar, las víctimas restaron importancia al ataque, creyendo que se trataba solo de una incursión de reconocimiento hasta que las bombas cayeron, pues se sabía que Dresden no solo no era un objetivo militar sino que no presentaba siquiera la más mínima posibilidad de sostener defensa antiaérea.La decisión de los Aliados de bombardear Dresden —inmortalizada en la historia novelada por KurtVonnegut, Matadero Cinco— aún es fuente de controversia, sin dejar de contar con las extremistas de femen, que celebraron la masacre con sesiones fotográficas, pintándose el nombre del carnicero Arthur Harris en el torso , ignorando la sentencia que el mismo Churchill diera al autor del genocidio durante los “juicios de Nûremberg”: “De haber perdido la guerra, tu y yo estaríamos sentados ahí por lo que hicimos en Dresden”. 


enrique.sada@hotmail.com