Verdad Amarga

La Kirchnerización Mexicana o un nuevo terrorismo fiscal

¿Imaginan ustedes un sistema económico en donde un gobierno medianamente inteligente adoptara las mismas medidas que en la Venezuela de Hugo Chávez  (sin contar siquiera con el excedente petrolero que ese país tuvo en su momento) o que el de la dinastía absolutista y precámbrica de los archiduques Castro en la isla de Cuba? (sin las movilizaciones que solo desde el poder y tras décadas de fanatismo ideológico se puede conseguir). Palabras más, palabras menos, esto es lo que ha venido sucediendo durante los últimos cuatro años en la Argentina bajo Cristina Kirchner y tal parece que es lo que se avecina para México.
Lo anterior se infiere desde la aprobación de esa especie de frankenstein, armado a partir de retazos y mucho maquillaje, que es la Reforma Fiscal en con su tentativa de seguir haciéndole guerra al pequeño y mediano contribuyente con políticas persecutorias como la prohibición tajante a efectuar pagos en efectivo superiores a la cantidad de 2 mil pesos, o la patente obligación de fiscalizar a quien realiza depósitos a cuentas bancarias o pagos por tarjeta de crédito en cifras muy similares.
Esta realidad nos remite por desgracia a dos escenarios que ninguno de los mexicanos quisiéramos imaginar como posibles durante este sexenio, ni en ningún otro: por una parte, la continuidad de esa política clasista y discriminatoria en donde solo los grandes emporios y una lista de beneficiados por el poder en turno siguen perdonados en el pago de sus obligaciones fiscales (llámense Slim, Televisa, Salinas Pliego o Bailleres) en tanto se arrecia la persecución en contra del ciudadano a quien se esquilma dolosamente, con miras a despojarle hasta el último centavo; y por la otra, el principio del fin a la vuelta de la esquina o la debacle de la economía mexicana a falta de originalidad por parte del Secretario de Hacienda para intentar siquiera la implementación de errores propios. Tras la eclosión de incertidumbre que se produjo durante la década que abarcó la Gran Depresión en el siglo XX, al menos hubo un economista de la talla de John Maynard Keynes que vino a romper paradigmas y a contribuir con nuevos axiomas para que su país y el resto del mundo lograran salir de la zanja en que se encontraban todos, independientemente de que también se recurriera a la economía de la guerra y el desarrollo de la industria armamentista por parte de las grandes potencias tras su participación en la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, hoy en día, tanto en México como en el mundo entero, se respira la ausencia de otro estadista de ese talle a sabiendas que el modelo keynesiano por sí solo ya no es garante de poder salvar el bache esta ocasión, ni las políticas proteccionistas intentadas por Obama como paliativo en su momento, ni las directrices-dogmas que el Fondo Monetario Internacional y el Federal Reserve Bank solían imponer a otros países y que ahora, como receta propia, les ha causado indigestión hasta ellos mismos.
Sin embargo, queda claro pese a los últimos señalamientos del New York Times en contra de la banalidad de la Kirchner, que ante la falta de un nuevo Keynes que logre resucitar economías en recesión, Videgaray está muy lejos de serlo.


enrique.sada@hotmail.com