Verdad Amarga

Doctrina zombie

Un hombre aparece ante las cámaras de televisión tras haber convocado a rueda de prensa. Los medios de comunicación se arremolinan en torno al mismo, quien con semblante oscilante entre la parquedad y la autocomplacencia, busca entre las miradas de los otros una pizca de credulidad en tanto anuncia el final o el deceso de algo que pese a lo que dice, parece seguir tan viva como amenazante.
Contrario a lo que puede parecer, no se trata del anuncio de la última película de Wes Craven ni mucho menos de una alerta ante lo que podría deducirse a simple vista como el anuncio de una amenaza zombie a nivel mundial, sino de la aparición de John Kerry, otrora flamante candidato presidencial convertido ahora en triste y apocado Secretario de Estado, cuando anunciaba—o  declaraba, más aún— “el fin de la Doctrina Monroe”.
El contexto de lo anterior queda plenamente identificado en vista del bochorno internacional suscitado el año pasado cuando la administración Obama quedó expuesta gracias a las filtraciones de Julian Assange y Wikileaks, mismas que revelaron como el inquilino de la Casa Blanca espiaba en realidad a sus aliados, como lo hizo con Angela Merkel y otro jefes de estado, haciendo uso de prácticas más propias de la Guerra Fría o de un estado totalitario y fascista.
Sin embargo, el discurso del Secretario de Estado y su retahíla de buenas intenciones, donde predica una “buena nueva” de paz y cooperación para con el resto del mundo en su discurso inaugural ante la Organización de Estados Americanos, termina siendo borrada recientemente ante el beneplácito que manifestó su propio jefe, justo cuando un juez federal norteamericano acaba de desechar la queja interpuesta en su momento por la Unión Estadounidense para las Libertades Civiles en contra de las intervenciones telefónicas y el espionaje perpetrado por el presidente en contra, no solo de otros mandatarios, sino también en perjuicio de sus propios ciudadanos.
En este caso, la legitimación que el gobierno de Washington patentó a través del controversial fallo del juez Wiliam Pauley fue la misma vieja excusa que se le viene vendiendo a ese país y al mundo desde la administración de George W. Bush: que el programa se justifica debido a que representa la ofensiva del gobierno norteamericano “para eliminar la red de terror de Al Qaeda”.
El fallo sorprende dado que fue emitido justo dos semanas después de que Richard Leon, juez de la Corte Federal de Apelaciones en Washington, hubiera dictaminado que estas actividades violaban directamente la Constitución de los Estados Unidos, misma que a la sombra de Obama, al igual que los Derechos Humanos, ha quedado reducida a una sola cosa: papel y tinta.


enrique.sada@hotmail.com