Verdad Amarga

Democracia INExistente

“No es para quedarnos en casa que hacemos una casa, no es para quedarnos en el amor que amamos”, solía decir Juan Gelman en Costumbres. Así vivía y así creía el poeta argentino que murió en México hace exactamente un año, dejando tras de sí no solo una estela de libros y publicaciones que le consagraron como una de nuestras más grandes voces poéticas sino también una escuela de congruencia, de dignidad irreductible y de lucha, ya contra la bestialidad propia de la dictadura en su  país o buscando y encontrando a su propia nieta tras más de veinte años de que el régimen se la arrebatara después de asesinar a su hijo y  a su nuera. Finalmente, el bardo bonaerense logró vivir para ver la democracia restaurada en su Patria, pero también las heridas abiertas entre los nombres de los amigos muertos y los familiares desaparecidos.Haciendo un recuento de la historia Latinomericana, de sobra conocemos los horrores de todos los regímenes multicolor que se instauraron contra la voluntad de las mayorías y, lo que es peor, en detrimento del bienestar de los pueblos sobre los que llegan a imponerse—casi siempre apuntalados por la intervención directa de algún otro país interesado en ganar a río revuelto—sin reparar en los medios. Desafortunadamente, la vuelta a la vida política y a la democracia electorera no solo no han servido para garantizar un mejor futuro para los sobrevivientes del pasado ni para las nuevas generaciones en donde esta práctica se viera interrumpida; tampoco ha garantizado que se repitan las mismas atrocidades del pasado o que bajo el manto de su pluralidad pluscuamperfecta asciendan nuevos despotismos gracias al voto de los ciudadanos (como sucedió en la Argentina de los Kirchner o en Venezuela desde Chávez).México no constituye tampoco la excepción a esta regla, y su “democracia”—poliarquía, según la definiera Robert Dahl en su momento—sigue siendo tanto más ineficiente o atroz que cuando el gansgterismo revolucionario gobernaba a sus anchas: ya quemando urnas, matando a vasconcelistas, saqueando al erario público o desapareciendo a estudiantes y disidentes por igual.Y lo que es peor, ver al INE (Instituto Nacional Electoral)—el mismo IFE de Valdés Zurita, solo que con nuevo nombre—amagando con spots a los ciudadanos para que renueven su credencial para votar, y anunciando un aumento del 61% en el costo de las elecciones intermedias para el 2015, premiando con más de 5 mil 356 millones 771 y un mil  247  pesos a los mismos partidos políticos de siempre y a los nuevos aspirantes a defraudadores de consciencias, con cargo al erario y pontificando con el mismo discurso mesianista de siempre: “nosotros somos el verdadero cambio”. 


enrique.sada@hotmail.com