Verdad Amarga

Crimen sin castigo: a cinco años de ABC

Con el luto caminando varias partes del país, portando nombres o fotografías en blanco y negro sobre pancartas, recorriendo las principales avenidas; con el dolor estampado en la mirada de  tantos, pese a lo profundo que yace el mismo cuando se arraiga en nuestros corazones, este fin de semana presenciamos nuevamente una serie de desfiles donde parece que todo se detiene, a modo de un cortejo fúnebre en que se conmemoran ya cinco años de la tragedia sucedida en la Guardería ABC, en Sonora, donde  49 niños pequeños, sin posibilidad de ser rescatados, perdieron la vida y 76 quedaron lesionados con secuelas permanentes, en un incendio ocurrido por corrupción y negligencia—por parte de las autoridades en los tres niveles de gobierno, así como por la complicidad de los dueños—respecto a la verificación y salvaguarda de los espacios públicos destinados a este propósito. Si el tiempo que ha pasado desde entonces nos aprieta el aire como padres, hijos y hermanos, el silencio por parte de las autoridades actuales nos ofende a todos. Y es en este punto en donde resulta inevitable no hacerse planteamientos. Si el gobierno federal fuera al menos mediocremente inteligente—decir medianamente inteligente sería concederle demasiado, aún en este caso— ante el descrédito que le es característico, usaría esta bandera para curarse en salud y aprovechando la vinculación de los responsables, a quienes se ubica perfectamente en el espectro político como oposición, teniendo elecciones en puerta (como es el caso de Marcia Gómez del Campo Tonella, prima de la ex primera dama Margarita Zavala, y Juan Molinar Horcasitas, ahora en primera plana con el turbiamente reelecto presidente nacional del PAN) al menos haría Justicia, aunque este no fuera su propósito, y se anotaría mínimo un gol (esperando que, con el Mundial también en puerta, pueda entender la analogía) ante la ciudadanía, castigando tanto a culpables como a responsables, en vísperas de renovar alcaldías y diputaciones.Sin embargo, como mexicanos nos queda muy claro y desde hace tiempo que poco o nada se puede esperar de un gobierno cuando no emana legítimamente del pueblo, y mucho menos bajo un régimen falsamente igualitario en donde persiste una diferencia entre ciudadanos de primera y ciudadanos de quinta; y en donde la Justicia, o quienes la ejercen discrecionalmente, no solo son ciegos e insensibles sino también, culpables y estúpidos.No es hora de agachar la cabeza. Si los que encubren este crimen sin castigo le apuestan al tiempo “que borra todo”, como norma típica del sistema político, es entonces cuando se nos impone un deber irreductible: no olvidar. 


enrique.sada@hotmail.com