Verdad Amarga

Constitución y prostitución de la Ciudad de México

“Cuando el Poder Legislativo pretende abarcarlo todono puede hacer otra cosa sino el mal”.

Benjamin Constant.


En meses anteriores revisábamos, no sin una mezcla entre la risa y el pasmo, la muy dudosa selección que Miguel Ángel Mancera había hecho de sus constituyentes para formular la primer Carta Magna de la Ciudad de México en su debut como entidad federativa. Desde entonces se anticipaba el muy magro papel que harían los susodichos impuestos, dado su nivel de contaminación en cuanto a “corrección política”, nulo perfil como servidores públicos y escaso bagaje intelectual para desempeñar algo más allá de la farándula y las luces de los reflectores.

Sin embargo, en el campo del absurdo y el desengaño, Mancera todavía pudo sorprendernos tanto o más que los políticos tradicionales con los que él no quisiera ser identificado: esto es, deparándonos una nueva entrega de sorpresas desagradables tras la redacción de la llamada Constitución que entre sus líneas nos ofrece un nuevo espectáculo de horrores y sobresaltos al más puro estilo de una novela orwelliana o película de Carlos Enrique Taboada.

En primer lugar, con la legitimación de lo ilícito y haciendo apología del crimen; no solo legalizando el ejercicio de la prostitución sino llevándola más allá: permitiendo la prostitución a los menores de edad, sin reparo de su condición como tales ni de los males que la orillan y explotan (seguramente, a beneplácito de muchos de entre sus amigos y patrocinadores).

Segundo, la vuelta a lo peor del siglo XX con el retorno al estatismo demagógico más rancio al promover el despojo de la propiedad privada y de los bienes inmuebles de los ciudadanos capitalinos (confiscando la plusvalía) bajo la excusa pueril de hacerlo para “equilibrar la desigualdad” y poder disponer de ello, como buen sátrapa de facción, según su antojo.

No cabe duda que lo que se está fraguando en la Ciudad de México y se vendía a la opinión pública como “ejemplo de Constitución—Mancera dixit—para los mexicanos” aparece no solo como una violación a los derechos humanos sino una traición hacia la ciudadanía y una prostitución de la voluntad soberana, misma que de ocurrir en los Estados Unidos (país modelo, hasta la fecha, de todos los pseudoliberales mexicanos desde el siglo XIX) llevaría a la cárcel a Mancera con todo y Corte de bufones.


enrique.sada@hotmail.com