Verdad Amarga

El Brexit o la rebelión de los callados

Luego del referéndum en Reino Unido por salirse de la Unión Europea, del berrinche hecho por David Cameron renunciando como Primer Ministro—demostrando con ello a los ingleses a que intereses ajenos servía—y más allá del gimoteo de los jóvenes, los mediáticamente manipulables  y los “tontos útiles” del sistema, Inglaterra empieza a cosechar los frutos de su independencia político-económica, tras la solicitud de estrechar lazos comerciales con ella por parte de los países nórdicos y hasta del mismo gobierno alemán, pero con manos libres.

Y es que el Brexit como fenómeno democrático fue también una manifestación política de voluntad soberana y de rebelión contra el establishment por parte de esa gran mayoría silenciosa de ciudadanos trabajadores—los que sostienen al Estado con todo y sus sobrecargas—respecto a las minorías gritonas, mezquinas y poco representativas que lejos de buscar auténtica igualdad se han aprovechado del sistema, del discurso sentimentaloide y de los medios para exigir privilegios por encima de los demás. De hecho, esta lectura aplica tras fronteras si se toma en cuenta que los británicos votaron contra la burocracia ineficiente de Bruselas cuyo saldo ha sido una Europa fragmentada e insegura, invadida por falsos migrantes, con capital de facto en Berlín  y dirigida por una élite tan insensible como ajena a la realidad.

Esta rebelión contra las élites se configuró también como  respuesta al discurso del miedo manejado por los lobbies  transnacionales desde una Europa continental y decadente cuyo representante en suelo inglés—David Cameron—presagiaba tormentas como único estímulo para permanecer ligado a la Comunidad Económica, y con los mismos argumentos esgrimidos por el presidente de Estados Unidos y los dueños de los bancos.

Otro factor determinante en esta decisión lo fue la desatinada política económica y migratoria, generadora de crisis innecesarias, por parte de la Canciller Angela Merkel como cabeza visible;  misma que ha hundido a varios países de la Comunidad, a tal grado que conforme con el  Eurobarómetro sólo el 38% de los italianos, 37% de los franceses, 34% de los españoles y 32% de los británicos tenía una opinión positiva de la misma el año pasado (mucho antes que los atentados terroristas sucedieran incluso).

De aquí que ante la incertidumbre e insensibilidad de las élites centralistas, vemos como el nacionalismo sigue siendo una fuerza viva que representa por mucho a los ciudadanos frente a un mercado que solo se contenta con imponer gravosas políticas económicas y migratorias. 


enrique.sada@hotmail.com