Verdad Amarga

En Allende y Patrocinio, la muerte tiene permiso

Lo ocurrido en el norte de México entre el otoño del 2011 y el verano del 2012 superaba por mucho los horrores vendidos en otros casos: en Allende, Coahuila; las víctimas —entre hombres, mujeres, ancianos, niños, amigos y  hasta empleados— fueron sustraídas de sus casas cuando no fueron secuestradas de sus trabajos o en la vía pública por elementos de la Policía para entregarlas al crimen organizado.

Luego del rapto, sus hogares fueron incendiados y demolidos con maquinaria pesada por Los Zetas, quienes habían ordenado a los Bomberos no brindar ningún auxilio.

A diferencia de “la noche de Iguala”, este acto criminal se prolongó durante 14 meses; con un saldo de más de 40 viviendas destruidas mientras las familias que las habitaban fueron desaparecidas.

No obstante la magnitud de los hechos y el número de víctimas, el crimen no motivó a las autoridades federales ni estatales, ni a la mayoría de los medios oficiales —gobiernistas y de “izquierda”— como sí lo hicieron a la hora de beatificar y exigir, hasta con maracas, justicia por los 43 militantes de la Escuela Normal Isidro Burgos que fueron ultimados por sus nexos con un cártel contrario a aquél con que se les identificaba, sin que nada sucediera en tres años.

Sólo hasta el 2014, y con un nuevo gobernador, las autoridades emprendieron labores para intentar determinar la identidad y el paradero de los desaparecidos aunque, según estudios del Colmex, las investigaciones no han realizado una búsqueda en los sitios señalados en  donde asesinaron e incineraron a las víctimas.

No será sino hasta el 2015, y en otro municipio del mismo Estado, cuando en el Ejido Patrocinio de San Pedro, se ubicaron cerca de 3 mil 500 fragmentos óseos enterrados junto con droga, suscitando desde acusaciones hasta desestimaciones respecto al número de las víctimas, retomándose también el caso Allende (finalmente), volviéndose de interés público.

Sin embargo, no deja de ser reprobable la gran diferencia que se hizo desde el principio en este caso donde los desaparecidos no ostentaban militancia política alguna ni perpetraban crímenes amparados en ninguna bandera ideológica; razón por la cual pareciera que en México la muerte no solo tiene permiso: también es elitista, a la hora de hacer distingos entre víctimas de “primera”…y de “quinta”. 


enrique.sada@hotmail.com