El valor de las ideas

Para las generaciones pasadas la lógica era muy sencilla: la creación de riqueza era inexistente si no tintinaban las monedas en el bolsillo, o si los billetes no se podían guardar en la caja fuerte o de perdido en una cuenta bancaria.

No fue hasta que los registros públicos se volvieron confiables y el estado de derecho comenzó a respetarse que los bienes inmuebles se convirtieron en una alternativa patrimonial.En tiempo pretérito se hubiera considerado una locura ponderar monetariamente algo intangible, como lo es una marca o una patente. Hoy las sociedades han evolucionado y valoran más las ideas que los activos.

En términos nominativos, por ejemplo, vale más la marca “Coca-Cola” que toda su infraestructura refresquera física sobre el planeta.“Uber”, la compañía de taxis más grande del mundo, no posee un solo vehículo y supera en valor a las grandes compañías aéreas como “Delta Airlines”, “American Airlines” y “United Continental”, incluidos aviones, edificios y centros de tecnología.

De la misma forma, Airbnb es la empresa de acomodación hotelera más grande del orbe y no posee edificio alguno; vale más, incluso, que algunas de las grandes cadenas hoteleras con todo y sus propiedades.El joven Mark Zuckerberg se posicionó rápido en la cima de las listas de “Forbes” tras materializar en la Web una idea: “Facebook”.

Sin generar ni poseer contenido alguno, es la plataforma de media social más valiosa de la economía mundial. De la misma manera, “Alibaba” es la empresa comercializadora de más valor en el planeta y no cuenta con una sola pieza de inventario. El año pasado la aplicación “Whatsapp” se vendió por cerca de 20 mil millones de dólares, cantidad superior al PIB de muchos países en vías de desarrollo.

Las ideas valen, y valen mucho, muchísimo dinero. Por ello es importante generar las condiciones y los estímulos correctos para que los mexicanos echemos mano de nuestro ingenio y produzcamos ideas. Es importante, también, generar los canales para que éstas se concreten y generen empleo, pero lo es más aún protegerlas.

Por desgracia, he visto empresas exitosas y consolidadas tener fuertes traspiés por no registrar oportunamente sus nombres, marcas y logotipos ante el Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial (IMPI). En el subconsciente, seguimos arrastrando una pesada carga de nuestra idiosincrasia: no darle valor a los activos intangibles. 

Proteger la propiedad intelectual es un buen hábito que debemos comenzar a practicar. No hay país desarrollado ni economía exitosa que no lo haya hecho.

Al final de cuentas, es parte del patrimonio que habremos de heredar a nuestros hijos. 


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