Sin temor a competir

La competencia siempre ha sido objeto de ataques. Filósofos y líderes políticos han lanzado sus obuses en contra de ella, denostándola y señalándola como el más perverso de los sistemas económicos posibles. “El enojo, el orgullo y la competencia son nuestros  verdaderos enemigos”, acuñó el Dalai Lama. Es cierto que el libre mercado no es un modelo infalible ni perfecto, pero sin duda es el mejor. La competencia es sana, no sólo en términos económicos sino políticos, religiosos, sociales y hasta conyugales. Cuando de cortejar a una bella doncella se trata, el galán cuida escrupulosamente su figura y su actitud hacia ella. La proliferación de donjuanes buscando conquistar los favores de la misma dama lo obligan a ser una mejor persona. Al desaparecer la competencia, vía contrato matrimonial, la figura y la actitud cambian. La Guerra Fría mantuvo al mundo al borde del abismo. Pero la existencia de una alternativa viable, diferente del capitalismo, exigía que éste mostrara su mejor rostro. A partir de la caída del Muro de Berlín el sistema de competencia se quedó sin competencia, valga la redundancia, y los vicios del modelo, como las inequidades distributivas, salieron a flote. Las religiones siempre han competido por captar el mayor número de creyentes, en ello sustentan su poder. Los primeros apóstoles dieron la vida en ese empeño y quienes les sobrevivieron predicaban la honestidad, la fe y la caridad con el ejemplo. No fue hasta que la Iglesia impuso su hegemonía cuando comenzaron a aparecer sus desviaciones, desde la Inquisición y las ordalías, hasta la simonía y la pederastia. En política no es diferente. A lo largo de la historia las monarquías han cedido paso a las democracias, y las democracias a los sistemas de partidos. Para conquistar el voto los partidos tienen que presentar a sus mejores cuadros, creciendo las probabilidades de tener gobiernos más transparentes, honestos y eficientes. No temamos a la competencia. Es el acicate que nos levanta todas las mañanas y nos impulsa a hacer ejercicio, a comer sanamente, a prepararnos, a trabajar, a ser mejores personas. Es como la vacuna: no agrada en el momento, pero en el largo plazo puede salvarnos la vida. “He estado en contra de la dura competencia toda mi vida”, señaló Walt Disney. “Pero no podría vivir sin ella”. 


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