Por una sonrisa

Teletón, la fundación creada hace casi dos décadas para apoyar la rehabilitación de niños con alguna discapacidad motriz, está en crisis. Así lo ha comunicado reiteradamente su presidente, Fernando Landeros.

“Estamos pasando un momento muy difícil”, reconoce. Esta situación ha obligado el cese de más del 20% del personal operativo de los Centros de Rehabilitación Integral Teletón (CRITs) y ha dejado en el desamparo a centenares de niños sin otra forma de atenderse.

¿La causa? Una campaña de odio y desprestigio en contra de la Institución, fraguada desde el anonimato de las redes sociales, la cual afirma que Teletón no es más que una estrategia para evadir impuestos y decorar la imagen de ciertas empresas, según explica Landeros.

Pero creo que el fondo es otro. Teletón, como su nombre lo indica, basa su éxito en la promoción que el evento tenga en la televisión y la influencia que despierte en el “homo videns”, en palabras de Giovanni Sartori. Interés que se desvanece progresivamente porque cada vez la gente ve menos televisión.

Contra la profecía de Sartori, el ciudadano ha dejado de ser un sujeto pasivo, que solo recibía imágenes visuales obsequiadas por la “caja negra” y en detrimento de su capacidad de abstracción, para convertirse en ente activo, que interactúa mediante las redes sociales, gracias a la magia del Internet.

¿Para qué esperar al noticiero cuando puedo acceder a cualquier fuente informativa desde el ordenador? ¿Por qué esperar la programación de la cadena televisiva cuando puedo escoger la película, la serie o el programa que desee y a la hora que mejor me acomode?

Para entender lo generoso de la causa, basta preguntar al padre de alguno los más de 27 mil niños atendidos diariamente su experiencia en el CRIT. La respuesta haría cambiar de opinión incluso a muchos cibernautas renuentes.

Teletón ha comenzado su colecta. Con creatividad e inventiva demos un uso noble a las redes sociales. No hacerlo supondrá condenar a la invalidez a cientos de niños, arrancarles la sonrisa y aniquilar su esperanza.



emym@enriquemartinez.org.mx