La serpiente y la luciérnaga

Una serpiente venenosa, cuenta una fábula popular, comenzó a perseguir con inquina a una luciérnaga con el afán de devorarla. Después de agotar todas sus fuerzas en la desesperada huida, el rutilante y alado ser finalmente se dio por vencido.
--Antes de acabar conmigo --le implora la luciérnaga al ofidio--, ¿te puedo hacer tres preguntas?
--No acostumbro hacer ese tipo de concesiones, pero como voy a matarte te regalaré esa última voluntad --responde la víbora.
--Primera: ¿formo yo parte de tu menú? –indaga el titilante coleóptero.
--No, me alimento otros reptiles y pequeños mamíferos, principalmente roedores. Básicamente esa es mi dieta.
- -Segunda: --prosigue la luciérnaga-- ¿te he hechoyo algún mal paraque me persigas con tanto odio?
- -No --niega de nuevo el reptil.
--Y tercera: entonces, ¿por qué quieres acabar conmigo? –ruega saber el centelleante insecto volador.
- -¡Porque no soporto verte brillar!
Este deleznable y egoísta comportamiento no es nuevo. La condena de personajes sobresalientes es una constante en la Historia universal.
Dentro de la Iglesia Católica, por poner sólo un ejemplo, los acontecimientos de esta naturaleza son innumerables: desde la propia Pasión de Jesús. La persecución de los primeros mártires cristianos. La brutal disolución de la orden de los Templarios. Las sangrientas Cruzadas. La inflexible Inquisición. La Cristiada en nuestro país, y hasta los arteros asesinatos (e intentos fallidos) de carismáticos papas.
Esa conducta es hasta cierto punto natural al ser humano. Sin embargo, las naciones más avanzadas han logrado su éxito económico, político y social gracias a un cambio de actitud. Los sentimientos de egoísmo, abulia e individualismo han dado paso a los de solidaridad, pertenencia, orgullo, patriotismo y respeto al adversario.
Dichos países han podido consolidar su estado de derecho, atraer inversiones, fortalecer sus sistemas políticos, generar estrategias industriales y comerciales, bajo la premisa de que “si le va bien a uno de los nuestros, nos va bien a todos”.
Por eso me causa gran escozor e impotencia la conducta de mentes obtusas y primitivas que,cual pandillero graffitea una pared porque no soporta verla limpia o cual bandolero raya un coche nuevo por un complejo malsano, respondan a intereses mezquinosy cuestionen una distinción a quien hoy ostenta la máxima investidura mexicana.
El reconocimiento hecho por la prestigiosa revista norteamericana Time no es a un hombre ni a un funcionario. Tampoco a un partido político. Es a un proyecto, a una nación, a un proyecto de nación. Es para México. Es para todos quienes vivimos aquí.
Dejémonos de perseguir luciérnagas. Mejor aprendamosa aprovechar su luz. Cuando así logremos hacerlo, se iluminará para todos nosotros el sendero del progreso, el desarrollo y el éxito.
Y entonces,como el insecto de esa fábula, también habremos aprendido a brillar con luz propia.


emym@enriquemartinez.org.mx