Una puerta abierta a la esperanza

Sin duda alguna las acciones emprendidas por un gobierno tienen profundas repercusiones en la vida de sus gobernados, como también los mensajes enviados por los actores políticos. Basta con una declaración o postura del ministro de finanzas o del titular del banco central de algún país para desatar una oleada de movimientos en los mercados internacionales.
En política, forma es fondo. Los mensajes son poderosos y pueden trastocar el desempeño de una economía cuando son negativos: una amenaza creíble de alguna potencia económica o un crimen político puedengenerar una crisis, como ya ha sucedido. Los mensajes generan gran influencia, pero cuando se complementan con acciones concretas y congruentes de política pública, se refuerzan exponencialmente.  El Presupuesto de Egresos de la Federación y la Ley de Ingresos no son únicamente la autorización del gasto y su contraparte recaudatoria emanadas del Congreso para observancia del Ejecutivo. No. Son las herramientas más eficaces y eficientes con las que cuenta un Gobierno para alcanzar sus metas y objetivos. En el caso del primero, la propuesta para 2014 fue presentado como un instrumento para acelerar el crecimiento. El mensaje de austeridad y responsabilidad hace sinergia perfecta con la propuesta de incremento en más del 14% en gasto en inversión y del 50% en comunicaciones y transportes, mientras el gasto corriente lo hace en alrededor del 1%.
No estamos descubriendo el hilo negro: en tiempos de desaceleración económica, las políticas Keynesianas envían un mensaje correcto e impulsan el empleo, el consumo y el crecimiento, y sientan las bases para alcanzar el desarrollo económico a través de la construcción y modernización de la infraestructura de comunicaciones y transportes.
El gasto en Ciencia y Tecnología, así como en el Fondo Emprendedor, crecen sus presupuestos cerca del 20% cada uno. Así, el compromiso de invertir en estos  importantes rubros para el desarrollo se convierte en realidad.
La Ley de Ingresos va más allá de ser un mero instrumento recaudatorio, pues también busca generar conductas correctas. Los principales problemas de salud que afectan a los mexicanos son el sobrepeso y la mala alimentación. Causan miles de muertes al año y cuestan muchísimo al erario. Por eso, el impuesto a los alimentes y bebidas de alto contenido calórico traerá como consecuencia menor consumo de esos productos, una sociedad más sana y la liberación de recursos para invertir en otros rubros.
De igual forma, el cobro de contribuciones a pesticidas y contaminantes nocivos para el medio ambiente obligará a invertir en tecnologías más limpias, cosa que nuestros hijos y nietos agradecerán.
Sin duda queda mucho por hacer. Transformar un país que viene acarreando vicios desde la Colonia requiere un gran esfuerzo. Pero en este primer año de gobierno del Presidente Peña Nieto se han abierto las puertas al crecimiento y al desarrollo, y lo más importante de todo, a la esperanza de los mexicanos.



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