A la pesca de incautos

“He contactado con usted. Soy heredero de gran fortuna que por restricciones de mi país no puedo gozar. Necesito socio confiable y honesto para transferir dinero de mi país Armenia. La suma a transferir es de 550 millones Dram, más de un millón de Euros. Ofrezco 30%. Contactarme si puede ayudarme”.Todos hemos recibido correos electrónicos como el anterior. Si no es el heredero coartado ofreciendo millones, es la alerta bancaria que amenaza con cerrar una cuenta, el aviso de haber ganado un viaje en crucero de un sorteo en el que nunca  participó, las solicitudes de donaciones altruistas después de una catástrofe y una larga lista de etcéteras. Los motivos son tan amplios como la fértil imaginación de los defraudadores.Este fenómeno ha sido bautizado como “Phishing”, del término inglés “fishing”, que significa “pescar”: Atrapar incautos, hacerles morder el anzuelo.Aunque en algunos casos los estafadores realizan esfuerzos camaleónicos suplantando alguna identidad bancaria para solicitar números de cuenta y claves de acceso vía correo electrónico, en la mayoría de los mensajes los contenidos son simplones, mal redactados y con una ortografía atroz.Es tan burda y evidente la intentona de sorprendernos con lo que equivaldría a un billete de tres pesos, que la borramos con parsimonia de nuestra bandeja de entrada. Pero no podemos dejar de preguntarnos: “¿Habrá alguien lo suficientemente ingenuo como para caer en estas trampas?”Claro que los hay. De lo contrario, las tentativas ya hubiesen cesado. Las potenciales víctimas son muy pocas, por lo que el estafador tiene que arrojar una red con miles de cebos para que su pesca pueda dar resultado.No es difícil obtener una base de datos con millones de direcciones electrónicas, por lo que el costo de contacto con los probables damnificados es increíblemente bajo. Si envía 50 mil cartas electrónicas y únicamente le responden 100, el hampón centrará su atención en éstos. A ellos dedicará una cantidad importante de recursos hasta hacerlos morder el anzuelo, aunque la mayoría --los “falso positivos”-- no lo hará. En los reactivos de laboratorio, en las llamadas de emergencia a la policía, en los diagnósticos médicos y hasta en la perforación de pozos petroleros, un falso positivo genera costos sociales y económicos altísimos.Para reducirlos al mínimo, los delincuentes cibernéticos redactan las cartas con apariencia absurda, estúpida y ridícula, de tal forma que se incrementa la probabilidad de quien la conteste sea lo suficientemente ¿candoroso? como para caer en el engaño, evitando los costos generados por los falso-positivos.Junto a las estafas piramidales, estos correos son una socorrida argucia que ocasionalmente logra beneficio para uno en perjuicio de varios o de muchos. Peroseguirá ocurriendo mientras la candidez o la codicia se impongan sobre el sentido común.Entonces, piénselo bien antes de aceptar fantasiosas ganancias a cambio de un mínimo esfuerzo.El diccionario es el único lugar donde el dinero viene antes que el trabajo. 


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