La paradoja del papel higiénico

Ser pobre es caro. Es la conclusión de expertos de la Ross School of Business de la Universidad de Michigan, después de realizar una investigación y publicarla en los medios con el seductivo título de “¿Por qué los pobres gastan más en papel higiénico?”

Aunque el colofón del estudio es un axioma en sí mismo y se antojaría ociosa su comprobación, el estudio es valioso porque aborda el problema por el lado del consumo, regularmente ignorado. Sabemos que la pobreza es onerosa para la sociedad porque aniquila las posibilidades de inversión, merma las oportunidades de preparación y crecimiento individual y genera un lacerante círculo vicioso; pero poco se habla del sobreprecio pagado por quienes ganan los menores ingresos al adquirir la canasta básica.

El papel higiénico es un producto de primera necesidad. Todos los hogares lo utilizan. Sin sustitutos cercanos, se consume a un ritmo constante. No es perecedero, por lo cual es almacenable, y aunque existe en el mercado con diferentes características para hacerlo más atractivo, en esencia es un bien homogéneo. Estas son las principales razones por las que los investigadores decidieron observar el comportamiento de la adquisición de este singular producto.

El papel de baño, como la mayoría de los bienes, cuesta menos si se compra al mayoreo. Pero esto para las familias de ingresos bajos no es una alternativa factible. Primero, porque deberían adquirir una membresía de alguna de las cadenas mayorista, erogación extra que desbalancearía su presupuesto familiar; y segundo, porque comprar adelantadamente papel higiénico es un lujo que no se pueden permitir, pues deben hacer otros gastos inmediatos e impostergables.

Los mercados ofrecen rebajas y descuentos para incentivar las compras en ciertas épocas del año, pero la misma dinámica de consumo inmediato de las familias de menor ingreso les impide con frecuencia lograr estas oportunidades, aprovechadas por quienes sí pueden adelantar compras grandes de artículos duraderos para almacenarlos.

Por sus características ya mencionadas, el papel higiénico es un buen referente para el análisis que nos ocupa. La paradoja se extiende a otros bienes, desde la adquisición de cigarros sueltos por quienes no pueden adquirir una cajetilla completa (ya no digamos el paquete de 10 cajetillas) y terminan pagando más del doble por su vicio, hasta la compra de inmuebles: si no pueden pagar de contado deben recurrir al crédito, instrumento que les eleva mucho el costo final.

Los mercados son la mejor vía para asignar eficientemente los recursos, pero esto no implica que los resultados sean justos en términos sociales. Por eso es importante la ejecución de programasredistributivos, como los ofrecidos por Diconsa y Liconsa, que llevan abasto a las zonas marginales a precios preferenciales.

Debemos encontrar nuevas soluciones. De lo contrario, los mercados seguirán castigando a los pobres con sus fallas.

Y esto es, sencillamente, inadmisible.


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