Lo que no mata…

Sin duda todos hemos pasado por episodios tristes y traumáticos en nuestras vidas, que nos gustaría no haber padecido. Momentos trágicos que vuelven con insistencia a nuestra mente y quisiéramos olvidar.El tema ha sido llevado a la pantalla grande por Hollywood: no son pocas las películas producidas por dicho consorcio fílmico cuyo argumento gira en torno a la intervención mental para borrar o implantar un recuerdo.En este mundo, donde la ficción supera a la realidad, se ha anunciado el trabajo reciente de neurocientíficos que abre las posibilidades de eliminar de nuestro cerebro recuerdos no deseados.Las teorías detrás de la toma de decisiones en situaciones de incertidumbre han sido planteadas tradicionalmente por economistas. Resolvimos el problema de una manera muy sencilla: inventamos el término de utilidad para referirnos al nivel de satisfacción de una persona, le asignamos un valor y luego determinamosuna probabilidad de ocurrencia para cada uno de los posibles eventos.La alternativa ganadora sería la que maximice la utilidad del individuo, ya ponderada por su respectiva probabilidad. Esa sería la decisión racional. ¡Listo! ¡Problema resuelto!Tuvo que venir ¡un psicólogo! Israelí a demostrarnos que esto no siempre es así, y de pasada llevarse el Nobel de Economía 2002.Daniel Kahnemann descubrió que cuando tomamos decisiones no lo hacemos necesariamente de forma racional (en su acepción económica), sino con base en reglas propias y de acuerdo con nuestro grado personal de aversión al riesgo y el pragmatismo de nuestros recuerdos.El problema principal, según el Nobel, es nuestro sistema de memoria. Es imperfecto y distorsiona los recuerdos de las experiencias pasadas, por lo cual con esa base no hay manera de tomar decisiones correctas en el futuro.Es imposible para nuestro cerebro almacenar cada detalle de lo sucedido a nuestro alrededor. Nuestra mente fija su atención en aquello que considera relevante y envía al archivo de los recuerdos apenas una fracción de eso.Olvidar las ofensas del pasado nos puede conducir a reanudar una relación sentimental destinada al fracaso; no recordar las bribonerías de algún empleado, nos hará confiar nuevamente en él.Nuestro sistema de memoria, con todo y sus imperfecciones, moldea nuestra personalidad, forja nuestro carácter e incide en nuestras decisiones, pues las magnitudes hipotéticas otorgadas a nuestra utilidad son basadas en reminiscencias, buenas y malas.Al eliminar las imágenes negativas de nuestro subconsciente, la teoría económica y los sistemas tradicionales de toma de decisiones deberán ser replanteados. Si borramos el trazo mental del dolor a un bebé causado por la quemadura cada vez que mete la mano a la lumbre, pronto se hará un daño mayor.El que esto escribe se queda con sus recuerdos, todos. Gracias a esas vivencias uno es lo que es y como es.Y comprueba: Lo que no mata, fortalece. 


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