“La mano de Dios”

Nos encontramos ya en la recta final del evento deportivo más esperado del cuatrienio. Cuatro son los equipos, no necesariamente los mejores, que suspiran por la Copa. Aunque sin el resultado esperado ni merecido, los mexicanos salimos fortalecidos de la justa futbolística y adquirimos invaluables lecciones en lo social, empresarial y político. Por ejemplo, entendimos que una gran estrella solitaria por más brillante que sea no emitirá la luz suficiente para eclipsar la luminosidad generada por un conjunto de pequeños astros, los cuales al trabajar coordinadamente y en equipo generan sinergia.La globalización ha impactado hasta el fútbol. Hace algunos años todavía eran marcadas las diferencias entre el nivel de juego de equipos de distintos continentes. Ahora la mayoría de las escuadras participantes muestra un estilo convergente, difícil de diferenciar.Una cantidad sin precedentes de seres humanos sigue los acontecimientos destacables por televisión, prensa, radio, internet y, sobre todo, redes sociales, lo que genera una participación activa de millones de aficionados aun sin ir a Brasil.Es admirable nuestra capacidad de reacción, ya sea para solidarizarnos ante nuestra tragedia o burlarnos de ella. El escarnio, utilizado exitosamente como válvula de escape de nuestras frustraciones, funciona con ese objetivo pero bajo una condición: que sea autoinfligido.Ahora más que nunca las fallas arbitrales han influenciado de manera decisiva los resultados de los encuentros. No culpemos a los jugadores, sobre todo a los “clavadistas”. Ellos reaccionan a estímulos y engañan a los árbitros por la misma razón que un delincuente asalta o un conductor excede la velocidad: porque se puede.Lo que resulta increíble es que en pleno siglo XXI la FIFA prefiera seguir viviendo en el oscurantismo y no echar mano de las herramientas tecnológicas existentes para dirimir controversias, definir jugadas clave y corregir errores, como ya sucede en otros deportes.Los árbitros son humanos, y por tanto susceptibles de equivocarse. En jugadas cerradas tienen fracciones de segundo para decidir y no siempre cuentan con el mejor ángulo de observación. Vamos, hasta el televidente con la magia de la repetición, la cámara lenta y la alta definición, a veces tiene que ver varias veces y desde diferentes posiciones una jugada para emitir un juicio.Mientras la FIFA no realice esos cambios va a seguir generando un incentivo perverso y vamos a seguir padeciendo jugadores más avezados en la disciplinas histriónicas que en las deportivas.Lo deseable como mexicanos es que Holanda ganara el Mundial. Así tendríamos un descargo de conciencia al sabernos dominadores durante 87 minutos del ganador de la Copa. Pero hay veces que el corazón nubla el juicio y predominan las emociones y la pasión. Es el caso de quien esto escribe: va con Argentina… ¡Con todo y  “La mano de Dios”! 


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